lunes, 18 de enero de 2016

:repaso al 2015: cine

Ahí vamos con las películas que más he disfrutado este 2015. Como siempre, películas de este año, más alguna del 2014 que no se han estrenado hasta el 2015 y por tanto incluyo en la lista. Si no podemos ser flexibles con estas tonterías, apaga y vámonos. Como es habitual en mis repasos, dentro del top-ten hay un pelotón de 7 que me cuesta posicionar, y las tres primeras, que sí, están por ese orden porque en ese orden me han gustado y he hecho el esfuerzo (de nada) de analizarlas y puntuarlas dentro de mi corazoncito. Afuera llueve, vamos allá.
Pelotón, sin orden de ningún tipo:
Whiplash (2014) de Damien Chazelle. Sí, ya parece antigua, pero se estrenó en el 2015. Sí, ya lo ha dicho todo el mundo, es el "Karate Kid del jazz", pero me logró mantener en tensión todo su metraje, los conflictos están bien planteados, y las interpretaciones son de aúpa.
Mistress America (2015) de Noah Baumbach. Este tipo ya solo debería hacer películas con Greta Gerwig, porque las demás le salen como acartonadas. Esta es fresquita, ligera, y tiene un largo acto de comedia de puertas ambientado en una casa que es de lo más gracioso que he visto este año.


Slow West (2015) de John Maclean. Este año (y el 2016 parece que apunta a que seguirá así) marca una vuelta al western. Esta película es eso, una del oeste, modernita y rarita, siempre cerca de la impostura pero sin caerse nunca por ese pequeño barranco, lenta (el título no miente), pero no aburrida, con pequeños grandes detalles, con un humor muy particular, y con un acto final antológico, un tiroteo filmado con gran hermosura.
Ex machina (2015) de Alex Garland. Poca ciencia ficción de calidad he visto en pantalla grande este año. Esta pequeña obra de cámara se salva, y llega a un digno notable aunque los giros se vean venir como si una señal de tráfico fluorescente los anticipase. Tiene un toque philipdickiano no demasiado obvio, y los actores están muy bien. Y las actrices mejor.
It Follows (2014) de David Robert Mirchell. Vale, me he tragado el hype hasta el fondo. Me la vi con ganas pero con la mosca detrás de la oreja por tanto consenso. Por una vez estoy de acuerdo con las alabanzas: un nuevo giro al slasher, sí, una película realmente inquietante. Vale que en el páramo del segundo acto pierde algo de fuelle, y en general se la nota descompensada, como si necesitase un nuevo re-montaje... Pero tiene algunos de los mejores momentos del cine de terror que he visto en años, y una atmósfera general muy lograda. Y no comete la estupidez de sobre-explicar.


Force Majeure (2014) de Ruben Östlund. Ja, menuda película, menuda patada en los mismísimos al concepto de familia, del amor y de todo lo que se le pone por delante. Qué divertida por momentos, y qué mensaje más incómodo y que bien/mal se queda uno después de verla.
Schneider vs. Bax (2015) de Alex van Warmerdam. Soy fan de Warmerdam, en general, y cuando las películas le salen bien, las disfruto como un cochino. Esta me ha gustado mucho, aunque sigue con su estilo (particularísimo) sin aportar ninguna novedad: autoconsciencia, acción rodada con tiralíneas, historia que comienza in media res para desconcertar al personal, giros raros, y una extrañeza que no se va diluyendo a pesar de su ya larga trayectoria.

Y el top tres, las medallas, los jefes de este año:


3. Bone Tomahawk (2015) de S. Craig Zahler. Otra muestra de que el western vuelve con fuerza, esta vez mezclado con otro género que no quiero adelantar para los que no la hayan visto (solo les advierto que mejor que tengan las pupilas curtidas). Una película desesperantemente dolorosa, una persecución acuciante, angustiosa (como una revisión de Centauros del desierto), en la que nos arrastramos por los pedregales y los matojos acompañando a los protagonistas en busca de... del puto infierno, no les voy a engañar. Buf.


2. The Duke of Burgundy (2014) de Peter Strickland. Este director ya nos venía avisando de que la iba a liar, y lo ha hecho con esta película buñueliana embebida en LSD. Una historia de dominación y placer con vuelta de tuerca (no digo más), bellísimamente rodada, como un artefacto salido de otra época. Una cosita extraña, que se refleja en sí misma, atípica y difícil de catalogar (¿Viridiana + Picnic en Hanging Rock?). Un peliculón, vaya.


1. Mad Max: Fury Road (2015) de George Miller. Poca sorpresa aquí. Yo también me rindo ante la machada de Miller, una oda al dinamismo, a la acción desenfrenada, al bizarrismo 2000 AD. Una película que hay que verla (y oírla) para creerla; una superproducción con sentido: todos esos medios son necesarios para contar esta historia, para sumergirnos en ese mundo absolutamente loco que no da respiro desde el segundo uno. Vista por segunda vez... pues sí, hay un pequeño bajón en la (por otro lado casi insoportable) tensión hacia el final del segundo acto, supongo que una exigencia de los consejeros médicos de la Warner para evitar infartos en la sala, porque esta película es como el mayor y más aparatoso accidente de tráfico jamás rodado. Parece como si el cine se hubiera inventado solo para hacer algo así.

Y ya fuera del top-ten, pero disfrutables:
Hits (2014) de David Cross, por defecarse en la mismísima boca de los modernitos de Brooklyn; Inherent Vice (2014) de Paul Thomas Anderson, porque parece que cada vez se la sopla más todo; Réalité (2014) de Quentin Dupieux, porque aunque ya se repite, a mí me sigue divirtiendo; Near Death Experience (2014) de Benoît Delépine y Gustave Kervern, por ver a Houellebecq en pantalones de ciclista durante una hora y media; Les combattants (2014) de Thomas Cailley, porque es una historia de amor divertida y, finalmente, conmovedora; When Marnie Was There (2014) de Hiromasa Yonebayashi, porque Ghibli hace maravillas aun sin Miyazaki; Queen of Earth (2015) de Alex Ross Perry, porque es preciosa y desgarradora, y Elisabeth Moss borda el papel de loca del coño; Creep (2014) y The Overnight (2015), ambas de Patrick Brice, la primera por inquietante, la segunda por hilarante (la escena de micropene vs. macropene en la piscina es para mearse); Goodnight Mommy (2014) de Severin Fiala y Veronika Franz, porque aún siendo tramposa tramposa, deja un mal cuerpo que dura unos días (eso para mí es un acierto, apunto); Negociador (2014) de Borja Cobeaga, porque trata un tema peliagudo con un humor muy personal, muy sutil, y con una limitación de elementos que, en lugar de empequeñecerla, la hace más grande; Cop Car (2015) de Jon Watts, porque, aunque la modestia no tiene porque ser una virtud, si logras una buena historia con tan pocos mimbres, a mí me tienes medio ganado; Youth (2015) de Paolo Sorrentino, porque Sorrentino es Sorrentino; The Salvation (2014) de Kristian Levring, otro western atípico (por su nacionalidad) pero clásico en sus formas, y con un arranque (los 20 primero minutos) antológicos; Victoria (2015) de Sebastian Schipper, por el alarde técnico del plano secuencia de dos horas, pero también por lo que cuenta en esas dos horas; The Wolfpack (2015) de Crystal Moselle, porque sí; The Lobster (2015) de Yorgos Lanthimos, porque un Lanthimos a medio gas y un poco redicho sigue estando por encima de la mayoría; Sicario (2015) de Denis Villeneuve, porque no cuenta nada nuevo, pero lo parece.

P.D.: Aunque su fecha de estreno es en el 2016, ya se han podido ver por ahí The Hateful Eight de Tarantino, y Anomalisa, de Duke Johnson y Charlie Kaufman, y ambas me han entusiasmado. Por si se me olvida incluirlas en el ranking del año que viene, dejo aquí constancia.







viernes, 8 de enero de 2016

:post de crisis de mediana edad

Los blogs se están muriendo, ya lo saben ustedes. Como los dinosaurios, se están extinguiendo poco a poco, no de un plumazo, y están siendo sustituidos por equivalentes más pequeños, adaptables y peludos (vale, la metáfora no es perfecta, pero ya me siguen). Este mismo blog ha pasado en poco más de un lustro de las 155 entradas en 2008 a las 5 en 2015, y tres de ellas eran un resumen del año anterior.
Este año, me temo, va a ir a por los mismos derroteros. A medida que pasan los años y uno va contando las canas (por ahora las puedo contar con los dedos de las dos manos, pero están ahí, en mitad de la maraña) apenas queda tiempo ni energías para colgar aquí elucubraciones más o menos estructuradas, y mis laberintos mentales acaban en formatos más extensos y perdurables (o eso quiero pensar).
Acercándose como un tiro la mediana edad, eso sí, me estoy volviendo más conservacionista (que no conservador) y ya no solo acumulo papel y demás materiales que van tomando poco a poco nuestra casa, sino también listados, inventarios donde voy archivando todo lo visto y leído, todo lo disfrutado o sufrido, un vaciado de una escultura que sería, tras pulir y retocar, el paso del tiempo sobre mi persona, eso tan rimbombante que suele conocerse como vida.



Lo importante, ustedes me entienden, no es necesario dejarlo por escrito; las películas que he visto en el 2015, tampoco, pero me hace gracia tenerlas así, todas juntas, un recordatorio de horas pasadas y, la gran mayoría, olvidadas. Les prometo que algunos títulos de hace apenas unos meses ya no me remiten, salvo IMDB mediante, a ningún recuerdo. Absolutamente a ninguno, como si me los hubiese inventado en un arranque de autosabotaje a mi yo futuro, a este perplejo yo que teme sufrir los primeros achaques de demencia senil prematura.  De las más memorables, de las que no solo recuerdo su título sino que todavía me conmueven y mueven hasta el teclado, les hablaré en breve. Después, de mis comics del 2015, y alguna otra cosa que se me ocurra. Como un Tiranosaurio mirando para otro lado, ignoraré ese resplandor en el horizonte y seguiré a lo mío mientras este hábitat siga siendo habitable; cada vez más raquítico y esquelético, casi como una pieza de museo arqueológico, pero aquí seguiremos.
P.D.: la foto que acompaña al texto no la he elegido yo; o no yo solo. Tras releer el texto buscando errores sintácticos, lo primero que he pensado es lo que lleva por título este post, y lo segundo, que parece el texto de un señor aburrido y mayor. Poniendo esas palabras en el buscador de imágenes del google, "señor aburrido y mayor", esta es la quinta imagen que me ha sugerido el hijo de perra. No tengo ni idea de por qué; ambos señores han llegado a una edad respetable, de eso no hay duda, incluso impensable para sus estilos de vida. Pero dudo que se hayan aburrido demasiado. Misterios de los algoritmos.

viernes, 10 de abril de 2015

:Submun-dos


El Submundo de Kaz es un lugar extraño en perpetua penumbra, habitado por una fauna ligeramente antropomórfica que, más que desquiciada, intenta sobrellevar su vida con cierta dignidad en un mundo en el que parecen haber cambiado las reglas del juego a media partida.  En historias de cuatro viñetas, al estilo de las tiras cómicas de toda la vida, Kaz subvierte y pervierte este clasicismo con un protagonismo coral (aunque hay personajes recurrentes de gran carisma) que no escatima en escatología, sexo bizarro, y cualquier tipo de perversión social, con unos resultados hilarantes. 
            Los personajes parecen cartoons abandonados en un callejón que, percatándose de que su autor ya no les presta atención, intentan buscarse la vida como buenamente pueden, y soportan el absurdo vital a base de drogas y bromas pesadas.  Tan deudor de los cómics clásicos (Popeye, Nancy, Krazy Kat...) como del dadaísmo o del underground más salvaje, Kaz ha alcanzado un estilo intransferible de plasmar y reírse de lo humano, que se puede apreciar tanto en esta tira cómica, editada durante décadas en selectas publicaciones norteamericanas y aquí recopilado modélicamente por Autsider Comics en dos volúmenes, o colaborando en series de dibujos animados, como la celebérrima Bob Esponja, donde también se puede apreciar su gusto por el surrealismo más cruel, aunque allí más dulcificado.  

            Sin duda, uno de los mejores comics que se publicarán este año.

miércoles, 11 de marzo de 2015

:tópicos (primer capítulo de una serie abierta y de improbable continuidad)


¡Ay!, ¿qué sería del cine sin sus tópicos y lugares comunes?  Pues sin duda algo mucho mejor.
Cuántas veces hemos visto esto en una película: con la trama ya bien avanzada, una recapitulación sonora (e incluso visual) en la que se repiten, sobre el rostro del protagonista con gesto pensativo, frases (con un ligero reverb) del principio de la película para recordarnos detalles importantes, momentos cruciales, información que deberíamos recordar por nosotros mismos si hubiésemos prestado un mínimo de atención o si los responsables del producto audiovisual tuvieran un mínimo de pericia para resaltar lo importante sin necesidad de subrayados. ¡Vagos!  ¡Incompetentes!  ¡Películas hechas por débiles para débiles!

Peor aún que los sustos en las películas de sustos en los que solo se sirven de un corte de montaje brusco y una subida repentina del audio es: secuencias oníricas inquietantes dentro de películas de terror anodinas para crear una sensación insana e inquietante que no tiene nada que ver con el tono ni la trama.  Si vuestra historia es sosa y queréis darle un poco de chispa, que alguien sueñe con que su abuela vuelve de la tumba, medio podrida, y que de sus heridas supurantes salgan cronenbergianas criaturas reptantes susurrando "rosebud"; acto seguido el nieto en cuestión se despertará entre sudores y taquicardias y ya puede seguir la trama insípida sabiendo que la platea está con el esfínter tenso y el rictus contraído.  Otra pandilla de cobardes e incompetentes; timadores: ¡si quieres asustarme, mete el "miedo" en la trama, no seas caradura!