jueves, 5 de abril de 2012

:tentaciones

Son famosos los pixelados de las zonas pudendas en la pornografía japonesa. En nuestro eurocentrismo consideramos esta actitud como una muestra de hipocresía, como si nuestras ficciones y representaciones artísticas no estuvieran cargadas de censuras, miradas soslayadas y zonas en sombra. Nuestras imágenes son igual de moralistas, encierran también un engaño, pero este parece mostrarse a la vista sin tapujos porque no sabemos qué debemos buscar, y por lo tanto no vemos lo que se nos esconde.

Es la nuestra, sin duda, una postura mucho más hipócrita: miramos hacia otro lado con disimulo, levantamos levemente la ceja, somos cool, no pensamos en sexo ni cuando follamos.

La postura japonesa es mucho más sincera: todos estamos pensando en sexo constantemente. Es un hecho, y negarlo es absurdo.

Un par de ejemplos con los que me topé en el país del sol naciente:

1. Carteles en ciertos vagones de metro advirtiendo que en hora punta sólo pueden entrar mujeres en ellos.

2. En la exposición de Lee Bul en el Mori Art Museum, una de las salas tenía el suelo de espejo. Como las féminas por allí son muy dadas a vestir microfaldas, en la entrada de dicha sala uno podía servirse de unas maxifaldas negras para evitar tentaciones.

Esa es la clave: evitar tentaciones. No creo que sea una sociedad más enferma que la nuestra, sólo son más conscientes de su enfermedad. Oscar Wilde, en su clarividencia, ya lo dijo (como casi todo): “Puedo resistirlo todo menos la tentación.”

Atentamente: T.

jueves, 23 de febrero de 2012

:mercancía

Un amigo amante de las mujeres pelirrojas y lechosas me puso sobre la pista de Sleeping Beauty. Al principio pensé que se trataba de otra de esas actualizaciones de un cuento clásico con acabado de anuncio de perfume; pero nada más lejos de la realidad. Al primer click de ordenador ya comprobé que los tiros iban por otro lado, y que la película se estaba granjeando por todo el mundo críticas y alabanzas por lo morboso de su argumento y puesta en escena.

Sinopsis breve para los que no la hayan visto: Lucy es una universitaria que hace múltiples trabajos para ganarse la vida. En un momento dado entra en contacto con una organización secreta que le paga un pastizal por hacer cositas para unos ancianos adinerados, como servirles la comida en ropa interior o, y de ahí el título de la película, dormir narcotizada mientras se deja sobar (que no follar) por los clientes.

La cosa en sí parece el reverso en negativo de la breve novela de Yasunari Kawabata, La casa de las bellas durmientes; el propio título parece hacer referencia al clásico japonés, no dejando lugar a dudas sobre el punto de partida de la inspiración de Julia Leigh. Pero mientras la novela de Kawabata se centra en uno de los clientes de este extraño negocio, la película australiana se centra, como ya hemos dicho, en la vida de una de estas jóvenes durmientes, y son los distintos clientes los que van pasando ante nuestros ojos.

Por lo demás, las intenciones de ambas obras, aunque tangenciales en una serie de puntos de una mórbida sensualidad, son distintas. La obra de Kawabata utiliza a las jóvenes dormidas como pantalla en blanco sobre la que el protagonista proyecta sus recuerdos; su inconsciencia, su falta de respuesta, hacen de esas mujeres espacios en blanco, su falta de significación las carga de significado.

La obra misteriosa y evocadora de Kawabata se transforma en la película de Julia Leigh en algo mucho más concreto, pero también cargado de misterio, de información fuera de campo. Con una puesta en escena simétrica y de planos largos, con un ritmo pausado pero con gusto por la elipsis, el film nos cuenta el ascenso a los infiernos de Lucy. Y su ascenso es social, económico: Leigh se centra en este aspecto fundamentalmente (algo que Kawabata no trata ni de pasada). El meollo de la película se podría resumir con una frase de David Mamet: “Consentimos que nos traten como mercancías con la esperanza de que algún día nos traten como mercancías valiosas.”

Desgraciadamente, la realidad cada día nos está devaluando más.

sábado, 18 de febrero de 2012

:rumano malo

Estaba pensando el otro día sobre aquellas cartas en cadena que te llegaban hace años a casa, con una peseta pegada con celo y la súplica de que reenviaras esa misiva a diez personas sino querías que el mal fario se cebase contigo y los tuyos.
Internet, al igual que con la industria musical y las revistas porno, también acabó con eso. Los e-mails no tienen la gracia, el carisma, la presencia de esas cartas analógicas, esas fotocopias de fotocopias de fotocopias que iban perdiendo definición en cada reenvío, en cada instinto supersticioso, en cada "por si acaso". Las copias digitales son siempre idénticas, es decir, ya no hay copias, sólo hay originales.Por otro lado la gratuidad del reenvio digital a tus enlaces de la agenda, hace, en teoría, más sencillo que estas advertencias en cadena se extiendan. Suelen ser fáciles de reconocer: antes de abrirlas, porque el asunto viene precedido de un Rv (la única indicación de que estamos ante una "copia") seguido de alguna exhortación a que no borremos el mensaje sin abrirlo, del estilo "atención importate" o "leelo importante". Como todo el mundo sabe, lo verdaderamente importante no necesita subrayarse, así que, de primeras, uno ya sospecha de que el mensaje contiene o un virus o una gilipollez.
En esa disyuntiva me encontraba hoy esta mañana, pero como el ordenador no era mío, me atreví a abrir el mensaje, esperando tener la fortuna de encontrarme con una gilipollez. Y efectivamente.

Primero la forma: estas leyendas urbanas de chichinabo suelen estar escritas en negrita, en un tipo más grande del usual y con una tipografía sin serifa, como para significar: esto que te mando es una cosa muy seria, pero te lo digo como amigo.
El título: en mayúsculas, para que quede claro. El subtítulo: cargado de signos de admiración, para que dentro de lo razonable, cunda el pánico. El contenido: lamentablemente, la misma mierda blanda racista de toda la vida. Ahora le ha tocado a los "rumanos y kosovares", esa abstracción. Bueno, seguro que nosotros también aparecemos en advertencias escritas en otras lenguas.
Nada dice tanto de un colectivo como lo que temen y lo que les hace gracia, porque al final nos reímos y tememos a lo mismo. Y nada une más que el odio.
Aquí les dejo esta leyenda urbana. Como tal es bastante flojita y muy poco trabajada. Demasiado etérea y poco concreta como para calar hondo en nuestra psique: no hay una narración bien construída, no hay un giro final... falta concreción: va dirigido tanto a parranderos que salen de noche como a estudiantes y niños a la salida del colegio. Y los malvados "rumanos y kosovares" no se sabe muy bien si te roban, te violan o te secuestran, sino las tres cosas, ni en qué orden ni con qué finalidad.

Estoy deseando recibir una versión más perfeccionada y refinada, una versión que deje de lado la paja y vaya más claramente al meollo. Quiero saber qué nos están haciendo esos malvados "rumanos y kosovares".
El mensaje:

U R G E N T E:
¡¡¡ Por favor leedlo, es muy importante !!!
Este mensaje va dirigido a los que salen por la noche o del cine y a los
que salen de la universidad y a la salida de los colegios. Si encuentran a
un niño que llora en la calle, con una dirección en la mano, y le dice que
lo acompañe a esa dirección (aunque sea cerca), llamen o llévenlo a la
policía y no a la dirección indicada... Este es el nuevo método que están
usando rumanos y kosovares para el secuestro, robo y violaciones. Les ruego copiar y pegar y envíalo a los que mas puedas para informar y evitar con ello un gran dolor a las familias.

lunes, 6 de febrero de 2012

:contextos

Próximamente, en las mejores tiendas.

jueves, 26 de enero de 2012

:D.H. Lawrence parte 4

Henos aquí reunidos, una vez más, para celebrar una vida, una memoria, una aventura sin parangón, la del insigne escritor, intelectual, estudioso y, en definitiva, GRAN hombre que fue, es y será D.H. Lawrence. Como todo lo que diga se quedará corto para loar su magnificencia, y se les hará largo de leer, paso, sin más dilación, a las diapositivas.
Continuando con la tradición, aquí se recopilan otras 25 estampas narrativo/gráficas, las comprendidas entre los números 76 y 100. Para una mejor comprensión, se ha optado por colocarlas en orden numérico, primero la 76, a continuación la 77, y así sucesivamente hasta llegar a la 100.
Al final de la proyección habrá un pequeño debate con ágape y acompañamiento de tonadillas regionales. Que ustedes lo disfruten.

























domingo, 22 de enero de 2012

:William Kemmler

Fantástico el último libro de Jean Echenoz publicado por Anagrama en nuestro pais, Relámpagos, una suerte de biografía sui generis de Nikola Tesla, aquí renombrado Gregor. Con su habitual ironía y estilo aparentemente ligero, Echenoz pasa como de puntillas, con socarronería, sobre temas capitales en el paso del siglo XIX al XX.
Por ejemplo, una guerra de patentes entre la corriente contínua y la alterna entre las compañías de Edison (la General Electric) y la de Westinghouse, hace que el ladino Edison, para convencer a la opinión pública del peligro de la corriente alterna de la competencia, achicharre animales en plazas públicas. Pasando de las mascotas y el ganado a los elefantes, a Edison se le ocurre la genial idea de que nada mejor para convencer a las personas del peligro mortal de la electricidad, que matar a una persona. Para ello construye la primera silla eléctrica, y el primer "voluntario" en probarla es el reo condenado a muerte William Kemmler.
Así lo cuenta Echenoz:

"Ingresado en el presidio de Sing Sing, este primer cliente resulta ser un tal William Kemmler, quien acaba de ceder al impulso de degollar a su pareja con un hacha. Tales prácticas no están bien vistas, ya que el influjo del alcohol no es excusa alguna. Así pues, juzgando nada correcto despedazar de ese modo a su concubina, ha sido condenado a muerte, veredicto con el que el propio Kemmler, en buena lógica, se muestra conforme.
Hasta ahora, en tales casos, se ahorca. Pero Edison, valiéndose de sus relaciones, aduciendo que su nuevo sistema es más humano que el brutal patíbulo, más rápido, más higiénico, se las ingenia para hacer instalar un dispositivo idóneo en el penal. Considerando que ser sometido a tal procedimiento requiere un mínimo de confort, se juzga preferible que el reo esté sentado: en vista de ello se ordena talar y trocear un roble que crecía inocentemente en el patio de la cárcel, y con cuya madera los codetenidos de William Kemmler confeccionan un sucinto sillón. A dicho mueble se fijan dos electrodos revestidos de esponjas húmedas, conectadas a una dinamo modelo Westinhouse, obtenida clandestinamente. Y a las seis de una mañana de agosto, en un cuarto paradójicamente iluminado con gas y en presencia de una veintena de testigos, periodistas, sacerdotes y médicos, se acomoda a William Kemmler en el flamante asiento.

El primer intento de ejecución fracasa: tras una descarga de mil voltios, administrada durante diecisiete segundo, Kemmler sigue vivo. Es deseo de todos, por descontado, repetir la operación cuanto antes, pero el generador requiere cierto tiempo para recargarse. Por lo tanto hay que esperar un buen rato, fastidioso intervalo durante el cual se oye gritar y gemir a Kemmler, horriblemente abrasado, lo que produce un excelente ambiente en el local. Una vez recargado el generador, se procede a un segundo intento y ahora, en el minuto largo que dura, se sube la tensión a dos mil voltios: muy rápidamente se propaga un fuerte olor a carne quemada al tiempo que brotan largas chispas de los miembros de Kemmler. Su copioso sudor se transforma progresivamente en sangre, una densa columna de humo comienza a alzarse de su cabeza, y sus ojos intentan con éxito salirse de sus órbitas hasta que su defunción, certificada por un forense, no deja lugar a dudas."
Esto, sin duda, convierte a Kemmler en un pionero, y merecedor de pertenecer a nuestro exclusivo Panteón de Desconocidos Ilustres.

martes, 10 de enero de 2012

:fuera de campo

La Navidad es un acuerdo tácito, una mentirijilla que se mantiene en pie mientras nadie abra la boca y se la cuestione. Como también lo es la familia, como también lo es la sociedad de consumo.
Al final de esta extraordinaria película lo comprendemos con claridad meridiana: dejamos la verdad en un fuera de campo, dejamos los conflictos para después de las fiestas. Mientras, simulamos normalidad y nos regocijamos con los regalos debajo del árbol. (Gracias a Intramuros por darme a conocer esta gran película).