
31 de octubre - No suelo recordar los sueños, pero hoy sí: soñé que estaba en el cuarto de baño, frente al espejo, cortándome los dientes con un aparatito parecido a un cortaúñas. Se me va la mano y me quedan un par de dientes desnivelados, lo que me abochorna y decido quedarme en casa unos días hasta que los dientes me vuelvan a crecer y se igualen. A parte de las evidentes connotaciones freudianas que prefiero ignorar, el sueño me recuerda que tengo que cortarme las uñas de los pies. En eso estoy cuando empiezo a oír dentro de la pared unos pequeños chillidos, como de crías de pájaro. Descarto la idea de una familia de aves viviendo dentro de mis tabiques y comprendo que se trata de ratones. Lo que me faltaba. Miro detenidamente toda la pared, a ver si encuentro alguna salida de escape por donde puedan acceder a mi mundo y, horror, veo un pequeño agujero detrás de la taza del water, igualito que los de Tom y Jerry, quien me lo iba a decir. Compro veneno (el más fuerte, puntualizo) en una ferretería, y echo un montoncito delante del agujero. Son una especie de cagarrutas de color rosa muy poco apetecibles, pero ellos sabrán. Sólo espero que los ratones tengan la decencia moral de arrastrarse a morir dentro de su tabique, porque no me apetece nada ir recogiendo sus cadáveres por toda la casa.
2 comentarios:
Tranquilo, nunca se dejan morir a la vista.
Por lo demás, ahora, aunque quisieras compartir tu casa, no creo que encuentres alguien que le apetezca jugar el rol de Tom contigo...
Llegué aquí por una casualidad, y ahora me alegro que existan tales. Me entretuvo tu estilo.
Besos tibios.
Ahora sé que todos preferimos morir escondidos (algunos también vivir).
Yo también me alegro de que existan las casualidades, y serás bienvenida a este rincón siempre que quieras entrar.
Besos desde otro Santiago.
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