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jueves, 14 de mayo de 2009

:eructos de coliflor [7]

1. De un tiempo a esta parte, para ganarme las habichuelas he estado trabajando en un lugar de cara al público (cómo odio esa expresión). Y menos mal que el éxito de la empresa no depende de mi don de gentes (otra expresión que odio), porque íbamos apañados. Pero no, este tinglado se mantiene por sí sólo, y mis compañeros y yo somos meros receptáculos de los alegrías y desdichas de los que hasta allí se acercan. Y se acerca gente de todo el mundo, con lo cual uno puede jugar al antropólogo inocente (y aficionado) y dedicar el tiempo, además de a trabajar, a categorizar la fauna humana. Un pasatiempo tan válido como cualquier otro.
De lo que más abunda en oficios, a parte de la generalidad “empleado” que, de una u otra forma, nos incluye al 99,99% de los humanos, son las categorías de administrativo e ingeniero; oficios que sólo existen para mantener en pie dos estructuras artificiales: una burocrática y otra técnica; dos entramados de normas y leyes que parecen tener una única función: autosustentarse.

2. O lo que es lo mismo: “Tengo que crear un sistema, o seré controlado por el sistema de otro hombre”, William Blake.
3. Hablando de citas, un tipo que suelta perlas como melocotones es Michel Houellebecq. No puedo evitar que me caigan bien este tipo de intelectuales de derechas, como David Mamet, aunque sólo sea porque son unos toca cojones y dicen cosas que duelen y que te hacen replantearte aspectos vitales que prefieres obviar. Aquí van unas cuantas frases lapidarias de monsieur Houellebecq: “Cada uno tiene los sueños de los que es capaz”; “Uno cobra conciencia de sí mismos en su relación con el prójimo; y por eso la relación con el prójimo es insoportable”; “Vivir sin leer es peligroso, obliga a conformarse con la vida, y uno puede sentir la tentación de correr riesgos”; “Acumulamos recuerdos para sentirnos menos solos en el momento de la muerte”; “Hay cosas que se pueden hacer, y otras que parecen demasiado difíciles. Con el tiempo, todo parece demasiado difícil; la vida se reduce a eso”; “La falta de ganas de vivir no basta para tener ganas de morir”; “La primera ventaja de un origen popular es que uno carece de respeto por el pueblo; la segunda, no teme a la opinión de la izquierda; la tercera, tampoco te fascinan los pobres”.
4. Ya tenemos entradas para Wilco: el día 1 de junio, a las 21:00. Me enteré tarde de que venían, y las entradas ya se habían agotado (buena señal). Pero gracias a la red encontré a un tipo al que le sobraban un par de entradas y el equilibrio se ha restablecido. Hoy me he visto el DVD Ashes of American Flags para ir calentando motores. Las ganas son muchas, aunque un auditorio con asientos no parece el lugar más indicado para ver a estos tipos en acción (ni a ningún otro que no se dedique al ajedrez profesional). Ya les contaré.
(Aquí les dejo una vieja canción)

martes, 9 de diciembre de 2008

:eructos de coliflor [6]

Los amantes de “lo Zombie” (que diría maese Adsence) estamos de enhorabuena: primero atenderemos a la más rabiosa actualidad (nunca mejor dicho) y después revisitaremos un clásico moderno, ambos en formatos no demasiado habituados a la ficción con muertos andantes.
1. Mientras este humilde y desinformado escribano suspiraba no hace demasiadas semanas por un serial televisivo zombie, a poder ser de la HBO, ya se estaban emitiendo los primeros episodios de DEAD SET, una miniserie británica de cinco episodios: poco más de dos horas de ficción con olor a podrido y que, vistos del tirón, nos han dejado jadeando de placer. La serie empieza con fuerza y con un planteamiento bastante original: una plaga zombie se extiende por Gran Bretaña una noche de expulsiones del Gran Hermano inglés. Mientras afuera se desata el apocalipsis, en el interior de la casa los concursantes no se enteran de nada… hasta que se enteran. El resto de la serie esquiva los tópicos y lugares comunes del subgénero con estilo y cinismo, manteniendo un buen ritmo con la simple inercia de este extraordinario comienzo, con tres subtramas que luchan por converger en un último episodio memorable, un final desgarrador que nos ha dejado temblando y con el culo apretado. Vale que alguna regla no escrita dice que las pelis de zombies deben acabar con un final descorazonador, como las porno deben acabar con una corrida, pero aquí Charlie Brooker y los suyos se han superado. Da miedito, están avisados. Otro dato: pertenece a la subdivisión “zombies que corren”, mucho más terrorífica, dónde va a parar, que la de “zombies que andan”.
Aunque las series españolas son TODAS baratas, falsas, maniqueas y derivativas… pagaría por disfrutar de una versión patria de DEAD SET, sobre todo por refocilarme viendo morir de forma violenta a Mercedes Milá (de forma ficticia, se entiende). Y ya puestos, me imagino y me relamo con la posibilidad de una horda de zombies correteando por los pasillos de Tele 5 y llevándose por delante a Jordi González y su cohorte de mamarrachos-comentaristas. Ays, soñar es gratis.
2. El otro serial zombie tiene forma de narración que se sirve de ilustraciones y textos para su despliegue; o sea, de tebeo: LOS MUERTOS VIVIENTES de Robert Kirkman (autor de la también georgearomérica Marvel Zombies) es ya un clásico moderno, no creo que se lo vaya a descubrir a estas alturas a nadie, publicados ya 7 tomos recopilatorios en nuestro país. De nuevo llego tarde al guateque: mis experiencias con Kirkman hasta ahora no habían sido muy gratificantes, así que me ha costado darle una oportunidad a su serie por antonomasia. Es un guionista demasiado verborreico para mi gusto, demasiado explicativo, como si no confiase en la pericia de sus dibujantes para explicar la historia; o quizás rendidamente enamorado de su propia prosa (del montón, por otro lado). Escuela Stan Lee, vaya. Y la verdad es que esto comienza un poco así, a base de monólogos reiterativos y diálogos absurdamente prolijos que lastran ligeramente el ritmo, que por otro lado tiende a lo frenético; pero con el paso de los capítulos, no tengo claro si esta tendencia se atenúa o simplemente me he acostumbrado a ella, pero el resultado es que me rindo incondicionalmente a la serie.
La historia, ya en el prólogo del autor, se nos presenta larga: una saga épica que seguirá a nuestro protagonista (Rick) y a sus adláteres en su epopeya post-apocalíptica zombie (las palabras más hermosas en cualquier lengua) sin el corsé de la historia autoconclusiva. Más cercano, pues, al serial televisivo que a la película. El autor tiene el tiempo y el talento para plantear situaciones que se alejan de lo manido, otras que rayan en lo inédito, algún que otro quiebro en la lógica zombie que saben a gloria al fan veterano y, sobre todo, nos dibuja un mundo poblado por personajes ambiguos y tridimensionales. Todo ello en un blanco y negro que huele a Serie-B, en unos tomos muy coquetos y relativamente baratos que usted, querido amigo, no debería perderse. Ah, subdivisión “zombies que andan”.
3. Ambos ejemplos serializados nos hacen preguntarnos si la ficción en tres actos (verbigracia: las películas) está en crisis. Si vuelve el folletín y los seriales seré el primero en congratularme.

domingo, 26 de octubre de 2008

:eructos de coliflor [5]

1. Iggy Rock: Uno de los Routters mayores, Jaime Gonzalo, y los bilbaínos Discos Crudos, se ha sacado de la manga una magna hagiografía sobre los reyes indiscutibles del Detroit Rock: The Stooges (¿soy el único al que le parece que los MC5 están sobrevalorados?). Ya desde la encuadernación, en tela negra con logo dorado, el volumen pinta bien, a estudio definitivo. Y una vez abierto, ojeado y leído, uno se confirma en lo presentido: es un libro esencial, no sólo para cualquiera mínimamente interesado en el combo de Jim Osterberg, sino para cualquiera interesado en ese ente mutante llamado “Música Rock” (no podía ser menos viniendo del Gonzalo, experto mayor del reino en los de Ann Arbour, y uno de los pocos plumillas patrios que pueden competir de tú a tú con los grandes popes anglosajones y franchutes del periodismo rock, con perdón). Con su habitual prosa entre erudita y magmática, quizás un poco más comedido de lo habitual, Gonzalo nos conduce cual guía sherpa a través de esta enmarañada epopeya vital, plagada de sexo, drogas, comida macrobiótica, autolaceraciones y rock’n’roll (o así). Como en el archiconocido Por Favor Mátame, de McNeil y McCain, aquí el autor deja que el peso de la narración recaiga en los propios protagonistas, y adláteres, cuyas palabras son entresacadas de entrevistas, declaraciones y biografías varias. Las contradicciones, lógicamente, afloran a cada paso: nadie recuerda los hechos de la misma forma (tal como se castigó el cuerpo esta gente, lo raro es que simplemente recuerden algo). El señor Gonzalo se limita (que no es poco) a hilvanar estas declaraciones, a imbricarlas en un discurso homogéneo que nos sitúa en la época y lugar de una forma vívida y descarnada, evitando la idolatría fanática, mostrándose crítico cuando es menester, y desaforadamente entregado cuando no queda más remedio.
El volumen, profusamente ilustrado, se completa con (atención): letras de todas sus canciones, cronología del sonido Detroit desde su prehistoria hasta los 70’s, discografía completa de los interfectos y alguna sorpresa más. Lo que se dice una gozada. Por si no lo he dicho, su título es: The Stooges. Combustión espontánea. Un instante de Eternidad y Poder (1965-2007). Simón dice que ya están tardando.

2. “No es que estuviéramos por delante de nuestra época, es que todos los demás estaban por detrás”. Iggy Pop.

3. Avantgarden: ubu.com/sound es la división sonora de la Ubuweb (una especie de youtube cool y chanante). Estos superhéroes ponen a nuestra disposición una impresionante colección de grabaciones sónicas raritas de encontrar, para oír o bajar, usted elige; grabaciones variopintas, desde las vanguardias históricas hasta spokenwords de renombrados prohombres, de Duchamp a Zorn, de John Cage a Patti Smith. Si no lo sabían, ya lo saben.
4. El chasquido con el que empezó todo: En esta página (www.firstsounds.org) de la organización First Sounds podéis encontrar, además de información sobre los primeros sonidos grabados (de ahí el nombre tan bien escogido), algunas de esas grabaciones disponibles. Fantasmagoría sonora interesante y reveladora. Por si a alguien le quedaba alguna duda, el primero no fue Edison. Ahora sólo queda elucubrar sobre cuál será el último sonido grabado por el hombre; pero a menos que la tierra venga con caja negra, lo tenemos crudo. Yo apuesto por “Era visto”.

miércoles, 15 de octubre de 2008

:eructos de coliflor [4]

1. Qué daño han hecho los teléfonos móviles a las películas de terror! Todas, sin remisión, se ven obligadas a justificar en el primer acto el aislamiento que supone no tener línea: ya sea por falta de cobertura en un entorno aislado, ya sea que se han quedado sin batería, que el celular se les ha roto, se lo han robado, lo han perdido… Parece que nadie se ha planteado la posibilidad de un protagonista sin móvil, porque ya sabemos que el cine no busca lo real, sino lo verosímil; y a estas alturas ya no resulta verosímil la idea de un ser humano sin teléfono móvil. Los primeros en comprender lo desasosegante de esta situación han sido los japoneses, que ya han construido varias películas de terror sustentadas sobre esa premisa: en un país donde la humanidad convive aglomerada, casi hacinada, donde es imposible sentirse (físicamente) aislado, donde es imposible encontrar un rincón sin cobertura, la muerte es precedida por el tintineo de un politono.
2. A Jeffrey Brown lo conocemos por estas latitudes sobre todo por su trilogía de las ex-novias y demás tebeos autobiográficos que Ediciones la Cúpula ha tenido el acierto y el buen gusto de editar en unos coquetos volúmenes, no especialmente lujosos pero muy recomendables. Pero el bueno de Jeffrey es un autor más polifacético de lo que estas muestras podrían hacer suponer: no sólo ha publicado comics abiertamente humorísticos sino que, oh sorpresa, también ha hecho sus pinitos en el cómic superheroico mainstream. En el 2004 se marcó un simpático, breve, original y extraordinariamente bien ilustrado minicómic sobre Lobezno, titulado Wolverine: Dying Time. Como por evidentes motivos legales esta curiosidad no podrá ser editada de un modo oficial, unos buenos amigos se han tomado la molestia de escanearlo y colgarlo aquí (http://dyingtime.googlepages.com/WolverineDyingTime.html), para que cualquiera se lo lea, se lo hojee o se lo baje por la patilla (nunca mejor dicho); en cualquier caso, para que lo disfrute. Simón dice…
3. Sin destripar demasiado dicha historieta, dejemos constancia aquí de lo floreciente que se haya últimamente un subgénero que nos apasiona a algunos (¿eh, Under?): las de zombies. A los últimos (reconocidos o no) remakes de flins clásicos, a las 28 secuelas después, a la segunda (o tercera) juventud de George A., a la rentable franquicia de los Marvel Zombies, se le han unido en los últimos meses ediciones hispanas de pestilentes tochos con zetas en el título. Primeramente, la patria Apocalipsis Z, del exitoso blogger Manuel “Cuajarón” Loureiro. Un libro, y unas circunstancias, sobradamente conocidos como para explayarme aquí. Sólo apuntar que a un servidor le resultó un volumen reiterativo, aburridillo (le sobran la mitad de las páginas) y, lo siento, mal escrito. Un par de pasajes interesantes y poco más. A pesar de ser un Serie-Z de manual (perdón por el chiste) ha tenido el suficiente éxito como para que otras editoriales se lancen a la caza del muerto viviente. Así hemos podido disfrutar de la traducción de Guerra Mundial Z, de Max Brooks: este sí, un libro original, adictivo, poliédrico y exhaustivo. Un clásico Zombie instantáneo. Y recientemente, la edición del libro de culto Zombie: Guía de supervivencia, también del hijo de Mel. Este libro es exactamente lo que uno podría suponer por su título: una guía de supervivencia ante ataque zombie. Entre el humor negro y el apunte inquietante, trufado de frases lapidarias, este coqueto librillo supone la mitad teórica del díptico que conforma con Guerra Mundial Z, que sería la práctica. Con una prosa seca y antirretórica (muy de manual, vaya), se toma tan jocosamente en serio a sí mismo que uno no puede evitar tomárselo también un poco en serio: como fábula, como metáfora, como imagen especular, da que pensar. Leído a ratos, entre medias de otros libros, he de reconocer que me ha calado más hondo de lo que creía, y que me he sorprendido en mitad de un Pierre Michon esperando a que un zombie pillara desprevenido a Van Gogh.
Sólo nos queda, puestos a soñar, que la HBO se saque de la manga una serie zombie. Ays, ¿no sería hermoso?

4. De “Nosotros tres”, de Jean Echenoz: “Los transeúntes, por la acera de enfrente, iban y venían con sus ideas, su bolsita gelatinosa de pensamientos temblando como una flor translúcida en lo alto de su cabeza, sacudiéndose al ritmo de sus pasos”. Pues eso.

sábado, 4 de octubre de 2008

:eructos de coliflor [3]

1. Sueños húmedos: mis adorados Redd Kross, en su monumental disco Third Eye (1990) sacaron en portada a una chica ligerita de ropa que, con los años, acabaría por convertirse en una prestigiosa cineasta y en una de las mujeres más sexis del planeta (esa nariz trompetera, esa mirada vacuna, ese mohín de aburrimiento, buff…). Ya lo han adivinado: Sofía Coppola. Su presencia, que duda cabe, ha aumentade el valor de este disco como objeto de culto, sobre todo en edición vinilo (ejem). ¿Y cómo acabó la hija menor de Francis Ford haciendo el monas en la portada de un disco? Pues parece ser que eran amigos y compañeros de correrías (los hermanos McDonald y los hermanos Coppola, con Roman el hermanísimo) por aquellos años pre-pelotazo grunge. Pero la pregunta es ésta (tomen aire si lo están leyendo en voz alta): ¿si tan amigos eran, por qué Sofía no les incluye una mísera cancioncilla en una de sus multiventas bandas sonoras originales para que así puedan acceder al gran público y vender los millones de discos que se merecen y convertirse en multiplatino y darle una patada a esta industria musical cada vez más aburrida, anodina y sin clase que padecemos desde hace no sé cuanto? Vale, quizás las tonadillas electrizantes, energetizantes y supervitaminadas de los Kruzz Rojaa no sean las más apropiadas para la mórbida languidez de los flins de la italoamericana. Pero por soñar.
2. Al bueno de Scott McCloud lo conocimos por estos lares como autor de la desconcertante y desprejuiciada Zot!, y después como erudito y estudioso del noveno arte en esa maravilla que es Entender el Cómic (Astiberri, y no como lo tradujeron en un primer momento los de Ediciones-B: Cómo se hace un cómic). Menos esencial para un servidor le pareció su continuación, La revolución de los cómics, un tocho quizás demasiado denso, aunque igual de agudo en sus apreciaciones y con un punto polémico que es de agradecer en un medio tan adormilado como el de las viñetas. McCloud cierra esta trilogía, por el momento, con Hacer Comics. Siguiendo su particular estilo metalingüístico, como complemento al quinto capítulo de dicho libro, en el que nos habla de los web comics se marca, como no podía ser de otra forma, un web cómic. El resultado, 16 páginas esclarecedoras y amenas, como es habitual en él, que están a nuestra disposición traducidas en la página web de los buenos de Astiberri. Es decir, aquí: www.astiberri.com/hacercomics/
3. Si fuese un personaje de Curro Jiménez me llamarían afrancesado, pero no puedo evitarlo: el libro de esta semana también es de un autor francés (más o menos: hijo de belga e italiano), Patrick Modiano: En el café de la juventud perdida (de Anagrama, y si no incluyo la portada es para que no parezca que me llevo comisión). Se nos informa en contraportada que es un libro sobre el poder de la memoria y la búsqueda de la identidad, que es como no decir nada porque el 90% de las novelas tratan sobre el poder de la memoria y la búsqueda de la identidad. La cosa es que tiene forma de librillo de misterio, que en cada uno de sus capítulos un narrador distinto nos cuenta una parte de la historia total, que está ambientada en el París de los años 60 de Godard, Debord y compañía, y que se lee con fruición e interés y que a mí me gustó mucho y por eso os lo recomiendo.
4. Todos llevamos un superhéroe dentro, que se nos transparenta cual pentimento a la mínima oportunidad: ayudar a una viejecita a cruzar la calle, indicar la dirección a un turista, ayudar a bajar un cochecito de bebé por unas escaleras, mirar con desaprobación a un ratero que se escapa corriendo calle arriba… Mi último acto heróico: ayudar a una despistadísima señora a encontrar la puerta de la oficina de Winterthur (efectivamente, doblando la esquina). Lo dicho, todos somos superhéroes, aunque no nos dediquen interminables series de comics, ni superproducciones hollywoodienses, ni muñecos articulados, ni los niños se disfracen de nosotros en carnavales. Somos anónimos, como los alcohólicos; no ambicionamos ni la gloria ni el estrellato. Somos actores de reparto en este teatro de polichinelas al que llamamos mundo (ay); pero somos, efectivamente, los que hacemos que todo marche bien, a su hora y más o menos limpio. Si es que somos la hostia.

sábado, 27 de septiembre de 2008

:eructos de coliflor [2]


1. Si aquí al lado hubiese un apartado de Libro de la semana (si no lo hay es porque las portadas suelen ser poco significantes), el de ésta sería, por unanimidad del jurado: Ravel, de Jean Echenoz. En este brevísimo tomo, el escritor galo narra de una forma muy sui generis los últimos diez años de vida del genial compositor. En una tierra de nadie entre la biografía y la ficción, esta novela está apuntalada por hechos reales y verificables, rellenando el autor los huecos con su imaginación y su meticulosa y escrupulosa búsqueda del detalle. Una lectura contagiosa, absorbente, vigorosa, que sin hacer excesivo ruido alcanza una profundidad a la que sólo se llega a través de la modestia. El mayor flechazo que he tenido con un escritor francés desde Toussaint.

2. The freakiest show: Mientras desayuno he tomado la fea costumbre de ver Espejo Público; concretamente el apartado de sucesos y charcutería, conducido por la rubia y dos expertos en no sé qué: un tipo canoso con coleta que le da un aire de monitor de Proyecto Hombre, y otro tipo con gesto perpetuo de estar aguantándose un pedo doloroso, que cumplen las funciones de poli malo y poli peor. Para este par, la profesionalidad de todos los jueces está en entredicho (que ambos estén en la calle es un claro indicativo), todas las investigaciones policiales o bien son chapuceras o bien son manejadas por alguien desde la sombra con oscuras intenciones, y todas las penas carcelarias son insuficientes, menos cuando alguien es encarcelado injustamente, en cuyo caso ha sido desmedida. El equivalente chacinero y castizo de Prison Break.

3. Amok: Curioso que consideren un arrebato de locura pasajera un exhimiente: no sé ustedes, pero yo casi prefiero que esté en la calle un tipo que ha planificado meticulosamente un asesinato por motivos crematísticos, que no uno que sufre ataques de locura transitoria en los que se lleva por delante a quien tenga a mano sin ningún motivo o razón. Lo que tengo claro es que en el primer caso yo estoy fuera de todo peligro. No sé ustedes.

4. Los de Cameo (la mejor editora de DVDs del país, para un servidor) nos sorprende con una nueva colección, B-SIDE, descrita por ellos mismos en estos términos: “Recoge una selección de grandes obras cinematográficas poco conocidas en nuestro país, inéditas hasta ahora en DVD, pese a haber sido firmadas por eminentes directores. Con B-Side, Cameo quiere hacer justicia a aquellas grandes filmografías que, por diversas y casi siempre desafortunadas razones, permanecían incompletas.” Encomiable iniciativa, qué duda cabe, que nos permitirá rellenar huecos en las estanterías a base de (buen) cine europeo. Entre lo publicado y lo prometido, encontramos referencias de Doris Dörrie, Volker Schlöndorff, Neil Jordan, Mike Leight o Alan Clarke. Más información en http://www.cameo.es/

5. De la primera hornada, un servidor se ha agenciado El Castillo (de Franz Kafka), del enorme Michael Haneke. Producción de 1997, al igual que su clásico Funny Games, supone ésta una curiosa entente cordiale entre los universos creativos de ambos artitas. Siguiendo de forma estricta el texto del checo (con una recurrente voz en off incluida), Haneke no se aparta un ápice de sus habituales intenciones éticas y estéticas: esta historia sobre la alienación y los entramados sociales es narrada a base de elipsis cortantes, fueras de campo, travellings de seguimiento e interminables planos secuencia, con precisión y sequedad y un humor irónico que no es extraño a la obra del alemán, a poco que uno escarbe en la desasosegante superficie de sus filmes. Sin ser una de sus obras maestras, que no lo es, recomendable sin paliativos.

sábado, 20 de septiembre de 2008

:eructos de coliflor [1]

1. Fiambrera: Se ha fundido la luz de la nevera y ahora, cada vez que la abro, se me presenta como lo que siempre ha sido: una caja hermética llena de cadáveres; es decir: un féretro. Quizás si los ataúdes incorporasen luces sería más llevadera la idea de morirnos.

2. Se ha terminado la cuarta temporada de Weeds y, como siempre, la espera hasta la siguiente se hará larga, muy muy larga. No puedo decir que la serie haya mejorado con el tiempo, porque ya empezó con un nivel sólo a la altura de los elegidos; pero esta temporada ha resultado especialmente brillante: redonda, compacta, sin subtramas de relleno, sin episodios de transición... sin respiro. Impresionante último capítulo: “el Andy” entra en el cuarto de baño; “Te puedo ver las tetas”, le dice a Nancy; “”Bien por ti”, responde ella; y bien por nosotros. Doug compra una soga y nos da el susto de la temporada, que acaba convirtiéndose en uno de los chistes del año. Cómo no pensar en la almorrana de Jim Morrison que cantaba en INXS. Última secuencia: antológica, resolviendo la trama principal de una bofetada, con una partida de póquer metafórica, anticipando tantos buenos momentos que se me hace la boca agua. Grande.
3. El que sí llegó hasta el final con la soga fue David Foster Wallace. Su mujer lo encontró ahorcado el pasado día 12 de septiembre. Tampoco se me ocurre mucho más que decir, salvo que se lean ustedes todos sus libros. Qué bueno era, y que raro se hace hablar de él en pasado. Me lo dio a conocer el compañero de piso del exnovio de una amiga de mi novia. Me prestó Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer y aún no se lo he devuelto; con lo que me jode que me lo hagan a mí. Durante un tiempo, cada vez que nos veíamos me miraba con ansiedad hasta que le decía que aún no lo había terminado, y al despedirnos me recordaba que no me olvidase de él (del libro). Si lees esto, Jose, tranquilo, está a buen recaudo y en perfecto estado. Como no sé cuando volveré a Madrid (las tarifas aéreas están por las nubes, con perdón del chiste) acabaré por mandártelo por correo; a ver si averiguo tu dirección. La idea de meter el libro en una caja y mandártelo me recuerda, otra vez, a un féretro. Descanse en paz.

4. El bocadillo de la semana: huevo cocido, anchoas y queso San Simón. Gratinar y servir al dente. Delicioso.

5. Nunca fui mucho de siesta, pero le estoy empezando a coger el truco. He comprendido que es un gusto adquirido, como las aceitunas, las anchoas o las aceitunas rellenas de anchoa. Es cierto que todavía me levanto con cierta desorientación y flojera en las rodillas, pero como ritual me parece a la altura de la liturgia cristiana: divide el día en dos días más pequeños, más asimilables y más fáciles de manejar; hace la vida más sencilla, en definitiva. Así que recuerden: de cuatro a cinco, no me molesten, por favor.