En Pensar/Clasificar, de Georges Perec, en el capítulo "Consideraciones sobre las gafas", leo:
"Hay varias cosas que sin duda no haré. Es muy improbable que un día vaya a la Luna, que viaje en submarino o que aprenda chino, saxófono o ergódica, aunque tenga muchas ganas. Tampoco es muy probable que un día me vuelva oficial en actividad, estibador en Valparaíso, apoderado de un gran banco, cajero, explotador agrícola o presidente de la república.
En cambio, es casi seguro que un día, como al parecer lo hace un tercio de los franceses, llevaré gafas. Mi músculo ciliar, que gobierna las modificaciones de curvatura del cristalino, perderá poco a poco su elasticidad y mis ojos ya no serán capaces de acomodarse. Dicen que eso ocurre en todos los adultos a partir de los 45 años, y yo tengo 44 y medio...".
Me produce una profundísima tristeza saber que, poco después de escribir esto, se le diagnosticó un cáncer terminal inoperable y murió en apenas un mes, con 45 años, solo cuatro días antes de cumplir los 46, sin llegar a usar nunca gafas.
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lunes, 16 de julio de 2018
miércoles, 25 de mayo de 2016
:el internet de Kubrick
Recientemente me he visto Las cajas de Stanley Kubrick, un documental televisivo en el que su
director, Jon Ronson, nos cuenta su experiencia de cinco años revisando, tras
la muerte de este, las más de mil cajas que el director había acumulado en su
mansión inglesa. En tantas cajas Ronson se encontró de todo, y con esos hallazgos
intentó reconstruir la metodología de trabajo y de vida de Kubrick, llegando a
la manida y obvia conclusión de que "era un genio". Vaya, gran
novedad. A ese respecto, en el apartado de conclusiones, el documental no
aporta gran cosa, es más interesante por lo que muestra, por poder ver de
primera mano (vale, de segunda) las intimidades del "genial"
cineasta.
En
las cajas de Kubrick, ya lo he dicho y lo recalco, había de todo, desde
proyectos de películas que nunca llegó a realizar, algunos realmente avanzados
(estuvo dos años documentándose, por ejemplo, para una película sobre el
holocausto judío, tiempo en el que Spielberg preprodujo, rodó y estrenó La lista de Schindler, con lo que
Kubrick sintió que el tema estaba agotado), hasta las cartas que le enviaban
fans y haters, perfectamente catalogadas según el grado de animosidad/odio del
remitente (en una escala que iba del "Rendido fan" a "My Own
Private Mark David Chapman" que bien podría catalogarse en una Escala
Kubrick), y de su localidad de procedencia.
Llegados
a este punto, la visión que se nos muestra de Kubrick es la del excéntrico
maniático lindante con la psicopatía, el obsesivo del orden y la perfección que
se acabó recluyendo en su casa, celoso de su intimidad, y bla bla bla. En
realidad, solo era un tipo adelantado a su época, como ya demostró en otras
varias ocasiones. "Llegó" a la Luna un año antes que la NASA, y de
forma mucho más verosímil; a la propia NASA le pidió que perfeccionara unos objetivos
ópticos con los que poder trabajar con escasísima luminosidad para poder
realizar Barry Lyndon usando solo luz natural; en El Resplandor usó como
operador de Steady-cam a su inventor, pues nadie más podía manejarla como él
quería por entonces... Siempre puso la tecnología al límite, siempre pedía a
los técnicos algo que no solo nunca nadie había hecho antes, sino que ni
siquiera se lo habían planteado. Con ello, hizo avanzar el lenguaje
cinematográfico, que durante unas décadas parecía ir siempre un par de pasos
detrás de él. Y con sus cajas, lo que "inventó" fue internet tal como
hoy lo conocemos. Un internet unipersonal, analógico y realmente aparatoso; un sistema
carísimo, una red que solo alguien con una cuenta corriente saneadísima podía
permitirse. Un internet que ocupaba varios trailers, no un simple disco duro.
Ejemplos.
Durante
años, creó una empresa interpuesta que contrataba a lectores profesionales para
que se leyeran prácticamente todos los libros que podían tener algún interés y
le hiciesen un resumen y se lo remitiesen, con lo que podía leerse varios
proyectos de una sentada, como el que echa un vistazo por amazon leyendo sinopsis y clicando enlaces.
Tenía
a un fotógrafo de mano que, cual google
imágenes personal, sacaba fotografías de todo lo que Kubrick le pidiese.
¿Que le telefoneaba y le pedía que le fotografiase entradas de bares del
sudeste de Londres? Pues una semana sacando fotos de puertas de pubs. Para
preparar Eyes Wide Shut a Kubrick le
interesaba una calle en concreto de Londres, y en lugar de salir de su casa y
verla in situ, le encargó al tipo
este que la fotografiase por él, con lo que se plantó allí con su cámara y una
escalera de mano (por cosas de la perspectiva) y sacó una foto de la calle cada
tres metros, pegándolas después en una tira de seis metros. Con el google street view hoy Kubrick lo
tendría más fácil, pero el proceso sería mucho menos divertido de ver.
¿Guardar
las misivas que uno recibe en carpetas clasificadas? Sí, qué gran excentricidad,
Stanley, ninguno de nosotros lo hacemos. En una ocasión le escribió una carta a
una fábrica de cajas porque quería que las tapas de sus cajas favoritas no
estuvieran muy apretadas como para tener que forcejear con ellas, pero tampoco
tan flojas como para que se soltaran a la mínima. Quería que fueran PERFECTAS.
Vale, esto puede hacerlo parecer un pelín quisquilloso, pero ¿acaso no tenemos
nosotros, simples mortales, preferencias en el interface de nuestros ordenadores? ¿No cambiamos el color o la
forma de las carpetas? ¿El fondo de escritorio? ¿Nuestra foto de perfil? ¿Acaso
no nos enerva hasta el infinito cuando el doble click para abrir un archivo va
un poco más lento de lo que deseamos? Kubrick, simplemente, exigía del mundo
real, analógico, físico y tangible, lo que nosotros le exigimos al virtual,
electrónico y binario: un funcionamiento perfecto. Kubrick lo quería todo, ya, disponible para él
sin tener que salir de casa. Vaya loco.
jueves, 10 de marzo de 2016
:tópicos (segundo capítulo de una serie abierta y de improbable continuidad)
A una persona le echan las
cartas del tarot y, en un momento dado, le sale la carta de La muerte, con su calavera y su guadaña
y toda la parafernalia. Golpe de sonido,
subidón de música, primer plano del cliente acojonado. Pero no, tranquilo, le explica el/la
echador/a de cartas: La muerte no es
una mala carta, todo lo contrario; no significa que te vayas a morir: "La
muerte significa cambio", esto se ha oído más veces en el cine que
"Te amo" e incluso que "Nunca he estado tan seguro de nada en
toda mi vida". Después, sin
embargo, puede haber una coda/apostilla/giro inesperado. Sale una carta aparentemente anodina y
benévola, pongamos por caso La mujer del
cántaro de leche tibia o El oso
amoroso regala besos, y ahora, sin embargo, es el primer plano del
echador/a de cartas el que nos advierte de que algo va mal, agudos
espectadores, que esa carta presagia algo tan espantoso que no existen palabras
para describirlo, ni en un libro de Lovecraft.
Niega con la cabeza y le devuelve el dinero a su cliente. No, no puede decirle lo que le presagia el
futuro, y le hace salir de su barraca casi a empujones, tan terrible es su
destino. Hay una extraña lógica en
devolverle el dinero al desafortunado, como si una prostituta devolviese el
dinero al cliente si el polvo no estuvo a la altura; es más, como si el cliente
recobrase la virginidad con la devolución del montante.
Acabas de matar al monstruo y, justo al girarte, ves que
el tipo del que nunca te has fiado del todo, ese tipo con el que tienes una
cuenta pendiente que nunca se ha aclarado del todo, ESE TIPO te está apuntando
con su arma. No te da ni tiempo a
decirle nada cuando dispara y, sorpresa, no te ha dado a ti, le ha dado al
monstruo a tus espaldas, que no estaba muerto como tú creías. El tipo del que nunca te has fiado ha estado
apuntándole todo el tiempo, el tipo del que nunca te has fiado te ha salvado
del monstruo, pero sigues sin fiarte de él, puto desconfiado. Eres lo peor.
viernes, 8 de enero de 2016
:post de crisis de mediana edad
Los blogs se están muriendo, ya lo saben ustedes.
Como los dinosaurios, se están extinguiendo poco a poco, no de un plumazo, y
están siendo sustituidos por equivalentes más pequeños, adaptables y peludos
(vale, la metáfora no es perfecta, pero ya me siguen). Este mismo blog ha
pasado en poco más de un lustro de las 155 entradas en 2008 a las 5 en 2015, y
tres de ellas eran un resumen del año anterior.
Este año, me temo, va a ir a por los mismos
derroteros. A medida que pasan los años y uno va contando las canas (por ahora
las puedo contar con los dedos de las dos manos, pero están ahí, en mitad de la
maraña) apenas queda tiempo ni energías para colgar aquí elucubraciones más o
menos estructuradas, y mis laberintos mentales acaban en formatos más extensos
y perdurables (o eso quiero pensar).
Acercándose como un tiro la mediana edad, eso sí, me
estoy volviendo más conservacionista (que no conservador) y ya no solo acumulo
papel y demás materiales que van tomando poco a poco nuestra casa, sino también
listados, inventarios donde voy archivando todo lo visto y leído, todo lo
disfrutado o sufrido, un vaciado de una escultura que sería, tras pulir y
retocar, el paso del tiempo sobre mi persona, eso tan rimbombante que suele
conocerse como vida.
Lo importante, ustedes me entienden, no es necesario
dejarlo por escrito; las películas que he visto en el 2015, tampoco, pero me
hace gracia tenerlas así, todas juntas, un recordatorio de horas pasadas y, la
gran mayoría, olvidadas. Les prometo que algunos títulos de hace apenas unos
meses ya no me remiten, salvo IMDB mediante, a ningún recuerdo. Absolutamente a
ninguno, como si me los hubiese inventado en un arranque de autosabotaje a mi
yo futuro, a este perplejo yo que teme sufrir los primeros achaques de demencia
senil prematura. De las más memorables,
de las que no solo recuerdo su título sino que todavía me conmueven y mueven
hasta el teclado, les hablaré en breve. Después, de mis comics del 2015, y
alguna otra cosa que se me ocurra. Como un Tiranosaurio mirando para otro lado,
ignoraré ese resplandor en el horizonte y seguiré a lo mío mientras este
hábitat siga siendo habitable; cada vez más raquítico y esquelético, casi como
una pieza de museo arqueológico, pero aquí seguiremos.
P.D.: la foto que acompaña al texto no la he elegido yo; o no yo solo. Tras releer el texto buscando errores sintácticos, lo primero que he pensado es lo que lleva por título este post, y lo segundo, que parece el texto de un señor aburrido y mayor. Poniendo esas palabras en el buscador de imágenes del google, "señor aburrido y mayor", esta es la quinta imagen que me ha sugerido el hijo de perra. No tengo ni idea de por qué; ambos señores han llegado a una edad respetable, de eso no hay duda, incluso impensable para sus estilos de vida. Pero dudo que se hayan aburrido demasiado. Misterios de los algoritmos.
miércoles, 11 de marzo de 2015
:tópicos (primer capítulo de una serie abierta y de improbable continuidad)
¡Ay!, ¿qué sería del cine sin sus tópicos y lugares
comunes? Pues sin duda algo mucho mejor.
Cuántas veces hemos visto esto en una película: con
la trama ya bien avanzada, una recapitulación sonora (e incluso visual) en la
que se repiten, sobre el rostro del protagonista con gesto pensativo, frases
(con un ligero reverb) del principio de la película para recordarnos detalles importantes,
momentos cruciales, información que deberíamos recordar por nosotros mismos si
hubiésemos prestado un mínimo de atención o si los responsables del producto
audiovisual tuvieran un mínimo de pericia para resaltar lo importante sin
necesidad de subrayados. ¡Vagos!
¡Incompetentes! ¡Películas hechas
por débiles para débiles!
Peor aún que los sustos en las películas de sustos en
los que solo se sirven de un corte de montaje brusco y una subida repentina del
audio es: secuencias oníricas inquietantes dentro de películas de terror anodinas
para crear una sensación insana e inquietante que no tiene nada que ver con el
tono ni la trama. Si vuestra historia es
sosa y queréis darle un poco de chispa, que alguien sueñe con que su abuela
vuelve de la tumba, medio podrida, y que de sus heridas supurantes salgan
cronenbergianas criaturas reptantes susurrando "rosebud"; acto
seguido el nieto en cuestión se despertará entre sudores y taquicardias y ya
puede seguir la trama insípida sabiendo que la platea está con el esfínter
tenso y el rictus contraído. Otra
pandilla de cobardes e incompetentes; timadores: ¡si quieres asustarme, mete el
"miedo" en la trama, no seas caradura!
domingo, 16 de noviembre de 2014
:la venganza de Bruce Lee
"Seguro que ya habéis escuchado esta historia: Randy Quaid
ha declarado, entre otras muchas cosas, que David Carradine no murió
accidentalmente, sino que fue asesinado.
Pero, ¿quién lo mató? ¿Y por
qué? La respuesta corta es Bruce
Lee. La respuesta larga es la que sigue.
Todo el mundo sabe que Bruce Lee fue, a su vez,
asesinado, ya sea por las Tríadas, por un maestro de Kung-fu rival, por la
mafia china, por los Illuminati, por su esposa o, simplemente, por una
maldición ancestral que amenazaba con acabar con tres generaciones de varones
Lee. Esta opción es, sin duda, la más
plausible, viendo cómo terminó su vástago Brandon, muerto
"accidentalmente" durante el rodaje de la película que lo iba a
llevar al estrellato internacional, El cuervo, veinte años exactamente tras la
muerte de su padre.
Un amigo cercano de Brando Lee fue precisamente David
Carradine, que un par de décadas atrás le había robado el papel protagonista de
la serie Kung Fu a Bruce, el papel con el que ansiaba dar el salto al
estrellato internacional, convertido ya en una megaestrella en Asia. En 1973 muere Bruce, como hemos dicho, en
extrañas circunstancias. Pero si su
deceso fue causado por una maldición o un ajuste de cuentas, Bruce también se
vengaría del actor que había usurpado un papel que parecía escrito para él.
La vendetta llegó, en primer lugar, cinematográficamente, a través del
médium Quentin Tarantino, que se carga a Carradine en su Kill Bill Vol.2
(rodada exactamente 30 años después de la muerte de Lee, diez después de la de
Brandon), vistiendo a su vengativa asesina,
Uma Thurman, exactamente igual que a Bruce Lee en su película póstuma Juego con
la muerte (un título muy apropiado, y que además se rodó exactamente al mismo
tiempo que la primera temporada de Kung Fu), y usando además el golpe de la
muerte, un método de larga tradición oriental, según el cual un maestro en
artes marciales puede golpear a su rival en cierto punto vital, a veces sin que
éste se percate, para morir tiempo después.
Este método, precisamente, es uno de los que más se comenta a la hora de
explicar la muerte de Bruce Lee.
Otra de las películas de la breve trayectoria de Lee es
Kárate a muerte en Bangkok, y precisamente allí, en la capital tailandesa,
termina la venganza del actor hongkonés sobre David Carradine, El Usurpador,
que aparece muerto en la habitación de su hotel, aparentemente ahogado
fortuitamente durante una estrangulación erótica.
Pero
ya lo dijo Randy Quaid: David fue asesinado.
Además, en una suerte de muerte retroactiva, las circunstancias de su
deceso han "manchado", al menos desde la pacata y moralista óptica americana,
y por extensión occidental, toda su trayectoria profesional y toda su vida
privada. La venganza de Bruce Lee había llegado
a su final."
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