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miércoles, 5 de mayo de 2010

:digestive de mierda

Con la especifidad que ha alcanzado el mercado, se busca satisfacer las necesidades y expectativas de todos los espectros de consumidor, incluidos los más minoritarios y marginales, con el fin de exprimir su capacidad de consumo hasta la última gota.

Con ese objeto se han creado productos como la galleta Digestive de Mierda, pensada única y exclusivamente para la minoría formada por los coprófagos: una galleta rica en fibra recubierta de mierda seca por una de sus caras.

sábado, 24 de abril de 2010

:superpota


Los 17 empleados de Aluminios Fonollosa S.L. quedan para cenar en el restaurante El Caracol un jueves antes de un puente de fin de semana.

Encargan un menú de grupo consistente en: pulpo a la vinagreta, pimientos del piquillo rellenos de carne, ensalada de espárragos y langostinos, pez espada a la parrilla, escalope de ternera empanado en harina de maiz y postre de la casa (flan con nata). Vino de la casa, agua o refresco y café. Chupitos a parte.

Al salir del restaurante, los 17 compañeros se dirigen a la zona de copas para continuar con la fiesta, cuando a uno de ellos le entran unas nauseas repentinas.

Sin poder contener las arcadas vomita en medio de la calle. Un efecto dominó se propaga entre los demás, que de pronto siente que el estómago se les vuelve del revés. Para no vomitarse unos a otros en los zapatos, forman un círculo en cuyo centro vomitan la cena recién pagada.

Cuando al último de los comensales se le pasan las arcadas, se dirigen de vuelta a El Caracol a presentar una queja por el evidente mal estado de alguno de los ingredientes, dejando abandonada una imponente y homogénea pota de más de doce litros (a ojo).

Los que se la encuentran esa noche (así como el barrendero que la tiene que limpiar a primera noche de la mañana) no dan crédito a lo que ven. Parece como si un elefante o algún otro animal terrestre de gran tamaño hubiese vomitado en el bordillo de la acera.

Algunos conductores aminoran la marcha para intentar comprender qué es eso que ven. Nadie aparca sobre la pota, a pesar de no ser zona amarilla.

Algún transeúnte curioso se detiene a observar con detenimiento los restos mal masticados y apenas digeridos, tratando de dilucidar el menú que tan mal le ha sentado al hipotético paquidermo o mamífero mayor.

viernes, 29 de enero de 2010

:la biblioteca de porcelana

No nos gusta perder el tiempo. No nos basta con mirar el paisaje por la ventanilla del tren, preferimos llevar el portátil para ver un episodio de Breaking Bad.
En la cocina hemos colgado ese pequeño plasma regalo de Navidad porque cocinar y comer no tiene por qué significar silencio, ni hastío, ni pensamiento propio.
Otra pantalla en el dormitorio para ese tiempo muerto antes de caer rendido. Y hasta un curso de italiano para aprender mientras duermo.
Ya sólo nos queda por cubrir el tiempo del excusado, esos cinco minutos diarios (si uno es afortunado) empujando afuera la basura.
Si todavía no tenemos un plasma en el baño es por la humedad. Así que lo más recomendable es una buena y variada Biblioteca de Porcelana: una selección de lecturas para esos breves momentos de intenso silencio.
Se prefieren lecturas:
a) No demasiado transcendentes y/o complejas: la sangre se acumula en partes del cuerpo a medio camino entre el cerebro y los pies, y las sinapsis bajan su rendimiento. Algo ligero es más recomendable, y si te hace soltar una carcajada de vez en cuando, mejor: ayuda al movimiento intestinal.
b) Breves: es difícil seguir el hilo de una novela río con 34 personajes principales en lapsus de cinco minutos diarios (si eres afortunado). Algo fragmentado es más recomendable: perlas breves con su inicio, su desarrollo y su final. Cualquier cosa que te mantenga más de cinco minutos en el trono debe ser descartado.
c) Si eres hombre: evita las lecturas de contenido erótico. A parte de que no se puede estar a todo, el efecto palanca contra la taza del water puede ser muy desagradable e incómodo.
d) Ediciones baratas: el vaho del agua caliente de la ducha crea humedad, uno de los peores enemigos del papel. No dejes esa primera edición de Las Flores del Mal sobre la cisterna.
Por si te lo habías preguntado alguna vez, que lo sepas: estar mucho tiempo sentado en el water puede producir hemorroides. Si quieres saber por qué, léete ¿Por qué los hombres tienen pezones?, de Mark Leyner y el doctor Billy Goldberg, que además es nuestra primera recomendación para tu propia Biblioteca de Porcelana: aprender un poco de medicina mientras nos echamos unas risas está al alcance de tu mano.211 cosas que un chico listo debe saber, de Tom Cutler, es otra buena recomendación: estar con los pantalones bajados no significa que uno no pueda culturizarse; de hecho, algunas de las mejores cosas de la vida se aprenden con los calzoncillos por los tobillos. Si quiere usted saber cosas tan útiles como el mejor método para pesarse la cabeza, las reglas del polo con elefantes, patinar hacia atrás o defenderse con un paraguas, éste es su libro. Estará deseando que le entre un apretón para aprender más y más.
Para cagar con fundamento: El primer trago de cerveza y otros pequeños placeres de la vida, de Philippe Delerm. Entre esos placeres no incluye leer su libro mientras se jiña, pero les aseguro que es una experiencia muy gratificante. Para aprender a disfrutar de esos pequeños milagros que la vida nos ofrece en el momento más insospechado.Apartado de comics: hay mucha gente que cree que un tebeo sólo se puede leer en el retrete. Craso error. Pero vamos con un par de excepciones:
90 Clásicos de la literatura para gente con prisas, de Henrik Lange, es lo que parece: 90 libros, más o menos clásicos, diseccionados en cuatro viñetas (cada uno). Y eso que la primera viñeta es el título del libro. Es verdad que en algunos te quedas como estabas, pero en otros da en el clavo y, sinceramente, después de unos años, lo que uno recuerda de un libro bien puede resumirse en cuatro viñetas (una con el título).La vida secreta de los jóvenes, de Riad Sattouf: observaciones a vuela pluma, plasmadas prácticamente tal cual, sin una mayor intención que el apunte antropológico. Para cagar con una ventana abierta a la realidad.Un tipo muy de toilet es Mauro Entrialgo: como prácticamente toda su obra es de corto recorrido (tiras cómicas, historias de una página con gag final...) es ideal para esos breves momentos íntimos. Uno de sus viejos álbumes ya se subtitulaba Chistecillos para leer en el W.C., pero como me temo que está descatalogado, puestos a leer otro, me quedo con Herminio Bolaextra: humor tan basto y escatológico que en comparación tus deposiciones te parecerán magdalenas con topping de frutas del bosque. Te reirás y te sentirás mejor.Estas son algunas de mis recomendaciones, pero lo mejor de una Biblioteca de Porcelana es que tú elijas tu propia aventura. Ya me contarás.

sábado, 10 de enero de 2009

:flatulentos anónimos

Dando un paseo nocturno por las calles de Espantajería D.C. me pilló un chaparrón traicionero y me refugié raudo en una de esas cafeterías que combinan un pretendido clasicismo con las nuevas tecnologías (o sea, wifi y camareros con pajarita). Ya acomodado en un rincón y con un descafeinado y un vasito del agua en mi mesa, me llamó la atención un sesentón carcajeándose sobre su diminuto portátil. Cualquiera que me conozca sabe de mi curiosidad connatural y mi desparpajo para las relaciones sociales, y no le extrañará que mi siguiente paso fuera aproximarme al simpático sexagenario, invitarle a otra caña y charlar un rato con él. Lo que sigue a continuación es un extracto, editado y muy recortado, de la hora que nos pasamos conversando y que un servidor grabó en su cámara de fotos(!).
T.: ¿Algo divertido por el Google Earth?
N.F.: No, leyendo comentarios en mi blog.
T.: ¿Así que tiene usted un blog?
N.F.: Pues sí, ¿por qué le extraña?
T.: No sé, la mayoría de la gente que, como usted, ha vivido el 99% de su vida en el siglo veinte, suele tenerle cierta animadversión a las computadoras, optando por dedicarse a actividades más típicas de su edad y era geológica: caza mayor, batir mantequilla, jugar al tejo… ese tipo de cosas.
N.F.: Pues debo de ser una rara avis, pues llevo dos blogs, uno a mi nombre y otro con pseudónimo. En el primero nunca digo nada de lo que pienso, porque sé que lo lee mi mujer, mis hijos, mis nietos y mis amigos. Es, pues, otro blog flácido e insípido, intercambiable e inofensivo. La mayoría de las entradas tratan sobre mi trabajo (la bollería industrial), mi hobby (las reproducciones de frutas en cera) o sobre las reuniones familiares. La mitad de las visitas a mi perfil son mías, lo que resulta más patético que hacerse pajas a los setenta, otra de mis aficiones.
El segundo blog, además de anónimo es clandestino: no encontrará en él la referencia a ninguna figura popular ni a ningún movimiento social reconocible… no posee links ni está linkado a ningún otro espacio, por lo que uno sólo puede encontrarlo si lo busca, y nadie lo busca porque nadie sabe que existe. Nunca visito mi perfil, así que no sé cuantas personas han llegado a entrar. Me extrañaría que hubiese alguna.
T.: ¿Sobre qué trata este blog?
N.F.: En este superego cibernético me limito a verter mis excreciones: sólidas, líquidas y gaseosas, incluyendo mis pensamientos en el tercer apartado. Es un fiel reflejo de todo lo que expelo.
T.: Curioso que equipare sus pensamientos a sus pedos.
N.F.: No existe tanta diferencia como uno pudiera, o quisiera, creer. Ambos nos convierten en sospechosos frente a los demás.
Pero yo no soy un pensador, soy un hombre de actos y cagadas contundentes. Mi apartado preferido es el llamado “Vinieron de dentro de…”, un álbum fotográfico de mis deposiciones sólidas. De mis cagallones.
T.: ¿De dónde viene todo ese interés por la escatología?
N.F.: Eso es tan absurdo como si yo le pregunto de dónde viene toda su estulticia. Pero aún así, creo que puedo responderle: hay dos acontecimientos que marcaron mi educación sentimental: por un lado, la senilidad prematura de mi abuelo materno; toda su humanidad se vio reducida de la noche a la mañana a unos pañales de adulto y una mente enquistada en algún momento de la década de 1910. Entonces comprendí el terrible dualismo de intestinos-mente en el que estamos atrapados. Es difícil que ambas mitades funcionen bien. Ni se imagina cuantos grandes pensadores estreñidos nos contemplan desde la historia. Desde Tales a Wittgenstein, pasando por San Agustín, Virginia Wolf, Kant y un largísimo etc. Desconfíe usted de los que van con regularidad al baño.
T.: ¿Como usted?
N.F.: Como yo.
T.: ¿Cuál fue el segundo acontecimiento?
N.F.: Un crecimiento tardío. Hasta los 17 años yo apenas medía un metro cincuenta. Pero entonces, en apenas once meses, crecí 16 centímetros. Me pasé esos once meses en cama, atacado por fuertes fiebres y unos dolores terribles en las articulaciones. Casi podía sentir como mis huesos crecían, tensando la carne como la cuerda de un arco. De ese año recuerdo el olor a orina y sudor, y otro olor indescriptible, que nunca más he vuelto a oler y que yo identifico con el olor de un cuerpo mutando. En ese año, por lo demás, no tuve ni un solo pensamiento.
T.: Creo que no acabo de entender su tesis.
N.F.: Lo contrario me llenaría de inquietud.
T.: ¿Cuál es su modus operandi?
N.F.: Mi trabajo intelectual se estructura en función de mis movimientos fisiológicos. Por ejemplo, la mayoría de las tonterías que escribo las escribo, mentalmente, a las 7 de la mañana, después de echar el pis matutino. Escribiría mejor si tuviese más memoria, pero escribiría menos si tuviese la vejiga más grande. El cuerpo acaba compensándose.
T.: Y por supuesto, no nos va a facilitar la dirección de su blog.
N.F.: Por supuesto.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

:descargue en paz

Óscar Giménez Remero (Palencia, 1926-Madrid, 2008), genio oculto (y ocultado) de la narrativa hispana debido a su afición por los bullates y lo de que ellos sale. Convirtió la escatología en una de las bellas artes con escritos delirantes (y rococós) como Zampo Heces, convertido por el propio autor en sainete de un acto. Al estreno clandestino de esta obra (1962) asiste Raúl Peña, que se inspira en él para co-escribir una versión light titulada Zampo y yo, que a su vez acabará convirtiéndose en la famosa película del payaso y la niña dentuda. Toda la mala leche y el olor a pedo, por supuesto, se quedan en el original de Giménez Remero, con diálogos como el siguiente:

Zampo: María José, ¿se puede tener otitis en el ojo del culo?
María José: No, Zampo, lo que tu tienes son almorranas.
Zampo: Ya decía yo que los supositorios de colirio no me aliviaban nada.
La niña se sigue llamando María José en la primera versión del guión de Luis Lucía y Leonardo Martín, hasta que el propio Remero, por intermediación de su amigo Raúl Peña, convence a director y productores para que le cambien el nombre por el de Ana Belén (Ana por ano, y Belén por su esposa: sí señores, Doña Agapimú se llama como el ojo del culo de una venerable y viuda octogenaria de la calle Serrano). El nombre enraíza y acaba por convertirse en el apelativo definitivo y definitorio de María del Pilar Cuesta Acosta, resultando fundamental en el devenir de la escatología patria: no les quepa la menor duda de que cagallones XL como La puerta de Alcalá no sonarían igual interpretadas por Víctor Manuel y María José.
Como happy end, el bueno de Giménez Remero alcanza la cumbre del chiste de pedos y cacas con su participación (no acreditada) en la revisión del guión de Sevilla Connection (José Ramón Larraz, 1992), protagonizada por los hermanos Cadaval: exponente supremo del zine-zurullo, al que solo le faltó el acompañamiento del watersiano Olorama para trascender a cotas inalcanzables del mal gusto. Lo dicho: Rest In Shit.