sábado, 20 de septiembre de 2008

:eructos de coliflor [1]

1. Fiambrera: Se ha fundido la luz de la nevera y ahora, cada vez que la abro, se me presenta como lo que siempre ha sido: una caja hermética llena de cadáveres; es decir: un féretro. Quizás si los ataúdes incorporasen luces sería más llevadera la idea de morirnos.

2. Se ha terminado la cuarta temporada de Weeds y, como siempre, la espera hasta la siguiente se hará larga, muy muy larga. No puedo decir que la serie haya mejorado con el tiempo, porque ya empezó con un nivel sólo a la altura de los elegidos; pero esta temporada ha resultado especialmente brillante: redonda, compacta, sin subtramas de relleno, sin episodios de transición... sin respiro. Impresionante último capítulo: “el Andy” entra en el cuarto de baño; “Te puedo ver las tetas”, le dice a Nancy; “”Bien por ti”, responde ella; y bien por nosotros. Doug compra una soga y nos da el susto de la temporada, que acaba convirtiéndose en uno de los chistes del año. Cómo no pensar en la almorrana de Jim Morrison que cantaba en INXS. Última secuencia: antológica, resolviendo la trama principal de una bofetada, con una partida de póquer metafórica, anticipando tantos buenos momentos que se me hace la boca agua. Grande.
3. El que sí llegó hasta el final con la soga fue David Foster Wallace. Su mujer lo encontró ahorcado el pasado día 12 de septiembre. Tampoco se me ocurre mucho más que decir, salvo que se lean ustedes todos sus libros. Qué bueno era, y que raro se hace hablar de él en pasado. Me lo dio a conocer el compañero de piso del exnovio de una amiga de mi novia. Me prestó Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer y aún no se lo he devuelto; con lo que me jode que me lo hagan a mí. Durante un tiempo, cada vez que nos veíamos me miraba con ansiedad hasta que le decía que aún no lo había terminado, y al despedirnos me recordaba que no me olvidase de él (del libro). Si lees esto, Jose, tranquilo, está a buen recaudo y en perfecto estado. Como no sé cuando volveré a Madrid (las tarifas aéreas están por las nubes, con perdón del chiste) acabaré por mandártelo por correo; a ver si averiguo tu dirección. La idea de meter el libro en una caja y mandártelo me recuerda, otra vez, a un féretro. Descanse en paz.

4. El bocadillo de la semana: huevo cocido, anchoas y queso San Simón. Gratinar y servir al dente. Delicioso.

5. Nunca fui mucho de siesta, pero le estoy empezando a coger el truco. He comprendido que es un gusto adquirido, como las aceitunas, las anchoas o las aceitunas rellenas de anchoa. Es cierto que todavía me levanto con cierta desorientación y flojera en las rodillas, pero como ritual me parece a la altura de la liturgia cristiana: divide el día en dos días más pequeños, más asimilables y más fáciles de manejar; hace la vida más sencilla, en definitiva. Así que recuerden: de cuatro a cinco, no me molesten, por favor.