martes, 29 de abril de 2008

:manuscrito hallado en una botella (de licor café) [23]

[Continuación] De pronto me entra hambre y voy a hurtadillas hasta la cocina. La vida austera de mis padres ha suprimido cualquier alimento que se pueda considerar un capricho. Sólo hay los grupos básicos: pan, leche, carne, pasta, arroz, fruta, galletas... Me tendrán que valer las galletas y un vaso de leche. En la tele ya van acabando las películas porno y comienzan a reponer series de hace dos décadas. Tengo una extraña sensación de déjà vu, pero después me doy cuenta de que simplemente ya he visto este episodio de Dartacán comiendo galletas María con leche. A continuación ponen un episodio de Se ha escrito un crimen, que me trago con otra remesa de galletas. Con el estómago lleno me da por pensar que he debido de ver como cien veces como duermen a alguien con cloroformo en la tele, pero sólo un par de veces como alguien caga. Está claro que hay un cisma entre lo que pasa ahí dentro y lo que pasa aquí fuera, y por alguna razón preferimos lo que pasa ahí dentro. Jessica Fletcher resuelve el caso (la asesina era la amiga simpática de su sobrina) y comienzan con series centroeuropeas. Ha llegado la hora muerta, las cinco de la mañana, en la que nadie que no tenga el cerebro licuado puede ya asimilar nada que tenga dos dimensiones. Cierro los ojos y me los aprieto con los dedos. Veo nieve, como en un canal perdido.
Paso un rato así, oyendo la tele de fondo, cada vez más lejos. Cuando vuelvo a abrir los ojos son las seis y cuarto y estoy más cansado que antes. Pero no logro dormir. Voy al cuarto de baño y me lavo la cara. Tengo los ojos enrojecidos e hinchados como los de un pescado muerto. Me siento un rato en el retrete pero no logro cagar nada; sólo aire. Ya que estoy, hecho una pis. En la tele hay un simulacro de pandilleros: chalecos de tela vaquera, guantes sin dedos y bandanas anudadas en la cabeza. Dios, que ganas de gritar. Recuerdo el cajón de los medicamentos en la cocina y voy a echar un vistazo. Encuentro algo que me puede servir: una caja mediada de Trankimazin. Me tomo un comprimido y vuelvo, como un autómata, a la sala. Ya han empezado con las noticias. Veo la tele como al final de un túnel y los párpados comienzan a resultarme inhumanamente pesados. Pestañeo como a cámara lenta, raspando los globos oculares. Aunque sigo sin tener sueño, de pronto la idea de dormir me resulta factible, lo cual ya es un avance. Al comprender esto, una oleada de placer brota en alguna parte dentro de mí y se extiende por todo mi cuerpo. La vista se me reajusta y parece que aumenta la claridad, como si alguien hubiese encendido una bombilla extra. Me voy a acostar y a dormir, es un hecho irrefutable. Pura química. Camino por el pasillo como sumergido en líquido amniótico, sólo pensando en acurrucarme en la cama. Pero al llegar a mi dormitorio me espera una desagradable sorpresa: la cama está llena de cajas y de montones de libros y de carpetas. Me cago en Dios. [Continuará]

3 comentarios:

pi dijo...

Puff... es que olvidarte de lo que dejas a medias y encontrarlo cuando estas agotado...eso... puff...
nos vemos pronto!
bicos

Anónimo dijo...

si, y también jode mogollón cuando llegas a casa un poco ebrio, digo, cuando una persona (que no yo)llega a casa ebria y tiene la cama llena de cosas indeseables...calzoncillos, pantalones, tu mujer...

toni bascoy dijo...

Nos vimos pronto, pi. Que rápido pasa el tiempo.
En cuanto a usted, señor anónimo (me da en la nariz que es usted un señor), efectivamente, las esposas pueden ser como Margaret Dumont en las películas de los hermanos Marx: motivo de chanza y figura anticlimática y cortarrollo. Pero me pilla usted hoy con las defensas bajas, y me da por pensar que Lauren Bacall y Audrey Hepburn también fueron esposas, y se parecen más a un luna de saturno que a unos calzoncillos sucios. Pero ya le digo que me pilla morriñento y con la glándula que segrega los comentarios ingeniosos bajo mínimos, así que no me lo tenga en cuenta.
Un saludo y bienvenido a éste, su humilde blog.