
Ya incorporado decido comprarle un calendario, más por congeniar con el vecindario que por otra cosa. La viejecilla recibe la noticia con una alegría desproporcionada. O eso creo yo hasta que me dice que cuesta 20 €. Con el culo temblando voy a por la cartera y le pago con un billetazo que la viejecilla hace desaparecer dentro de su bolso con más velocidad de lo que sus manos artríticas podrían hacer suponer.
Cuando me quedo a solas compruebo el correo, que trae sorpresa: me han vuelto a mandar la carta para la tal Marta Barcia Noya. Alguien ha cruzado una raya con un bolígrafo sobre la dirección, pero creo que como tachón ha resultado demasiado sutil. Una cosa hay que reconocerle al servicio de correos: lo que les falta en pericia les sobra en incompetencia. Decido atajar el problema y meto el sobre dentro de otro sobre que dirijo, sin remite, a la remitente. Dentro, una somera nota explicativa y mis mejores deseos de que su mensaje llegue a su destino. Necesitará toda la suerte que pueda acumular.
El resto del día, sin pena ni gloria.
Cuando me quedo a solas compruebo el correo, que trae sorpresa: me han vuelto a mandar la carta para la tal Marta Barcia Noya. Alguien ha cruzado una raya con un bolígrafo sobre la dirección, pero creo que como tachón ha resultado demasiado sutil. Una cosa hay que reconocerle al servicio de correos: lo que les falta en pericia les sobra en incompetencia. Decido atajar el problema y meto el sobre dentro de otro sobre que dirijo, sin remite, a la remitente. Dentro, una somera nota explicativa y mis mejores deseos de que su mensaje llegue a su destino. Necesitará toda la suerte que pueda acumular.
El resto del día, sin pena ni gloria.
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