
Cuando llego al piso ya ha vuelto mi madre de la reunión de tupperware. Me pregunta que de donde vengo, y le digo que del trastero. Ella me pregunta si se acabaron las patatas y yo le digo que no sé. Extrañada, me pregunta que a qué he subido entonces. A cambiar la bombilla, respondo desganado y me encierro en el cuarto de baño (fase de pataleo). A la media hora mi madre llama a la puerta y me dice que va a estar la cena. Tortilla. Le digo que ya salgo. Tiro de la cadena para disimular y voy a la cocina.
Mi padre está dando la última vuelta a la tortilla mientras mi madre pone la mesa. Me dice que me ha comprado una fiambrera de tres pisos, pero que no se la mandarán hasta la semana que viene, que ya la cogeré cuando vuelva. Sin que me dé tiempo a intervenir me dice que es igual a la que compró el mes pasado y la saca de la nevera para enseñármela. En ese instante, como en una revelación divina, comprende que me la puedo llevar yo y que ya se quedarán ellos con la nueva. También le han regalado un artilugio para separar las claras de las yemas, y otro para mondar naranjas. Me los puedo llevar, dice, mientras los mete en la fiambrera para que no los pierda. Es inútil discutir.
En los postres les comento como de pasada que no encuentro algunas de MIS cosas. Con toda la naturalidad del mundo mi madre me dice que las tiraron en la mudanza. El hecho de que no me halla interesado por ellas en estos tres años hace que cualquier réplica ahora suene vacía y descolorida, así que me trago una cucharada de natillas y me limito a refunfuñar. Mi madre dice que estaba todo medio podrido y que además sólo eran trastos. Me imagino que para este tipo de casos se inventaron los trasteros, pero me limito a asentir en silencio. La familia parece que sólo sirve para recordarte que siempre serás un niño. De todas formas, analizando los hechos desde una perspectiva científica, tiene lagunas: los Masters de Universo son de plástico del duro, y eso tiene que tardar un par de milenios en pudrirse. [Continuará]
2 comentarios:
Querido Tony,
Sólo confirmar tu teoría de los Masters. Son de plástico duro y no se pudren, doy fe. Tengo un He-Man de 783 años de edad en perfecto estado, sigue con su rubio yema de huevo (casero) al igual que cuando nació (año 1225 D.C.). Sí que es cierto que la lavadora que tienen en el pecho ha dejado de dar vueltas y cuando le das con la espada de Skeletor no gira como antes. Ésto último, por cierto, pone de muy mala ostia al huesudo...
Abrazos
Querido Cachy (¿o es Cachi?). Bueno, en cualquier caso, soy Toni:
Lo que usted tiene es un incunable: ni más ni menos que un He-Man de primera edición, me imagino que con la firma original de Gregorius Mattel, su insigne creador. Si espera unos 200 años más podrá subastarlo en e-bay y retirarse a vivir de rentas. Los giros de cintura, efectivamente, comienzan a resentirse a partir de los 700 años. Se comenta mucho en ciertos foros. Parece ser que es debido a los tendones de gacela con que se hizo la primera edición, que acaban perdiendo elasticidad. Paradójicamente, esto es lo que les da valor.
Abrazos.
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