viernes, 4 de julio de 2008

:stars [6]

[Continuación] Hamid ni siquiera habla inglés. Supongo que podría hacer de esbirro de terrorista islámico si la moda de películas sobre terrorismo islámico durase un par de años más. Se pasa media hora en los baños limpiándose meticulosamente mientras susurra algo en su lengua. Yo le hago una señal a Samantha para que se quede, aunque sé que Hamid no nos entiende. Esperamos a que se vaya y a que apaguen las luces a las 22:00 y a que nuestros ojos se acostumbren a la penumbra del baño. Le digo que estoy cansado de follar en la litera, que Vincent, el tipo dos camas a la izquierda, se pajea todas las noches a nuestra costa. A ella no le importa, de hecho tiene un marcada vertiente exhibicionista (me confiesa que hizo un par de pelis eróticas, no porno, y que le encantaba ver a su novio masturbarse viéndola a ella simulando un coito), pero a mi me desconcentra saber que hay un tipo meneándosela mientras estamos follando. Parece una absurda competición en la que siempre quedo de segundo. Además, mis sábanas ya están tan rígidas que podría cortar queso con ellas. Le sugiero que follemos allí, en los baños. La conduzco al retrete del fondo, donde he escondido un cubo de agua para asearnos después. Le parece una idea genial y cierra la puerta y se monta encima de mí, introduciéndose la polla con un hábil gesto de la entrepierna, sin usar las manos. Mientras comienza a cabalgarme trato de que mantengamos una conversación, aunque sea por variar. Le susurro al oído que afuera soy profesor de instituto. Profesor de literatura. Me pregunta cuál es mi libro favorito y le digo que Rojo y Negro de Stendhal. No le suena. En realidad soy profesor sustituto, y la mayor parte del año trabajo como dependiente en una tienda de ropa. Eso no se lo digo, ni que mi libro favorito es El cementerio de animales de Stephen King. Me mete la cabeza entre sus dos enormes tetas, separadas por un esternón brillante, como de bronce bruñido, donde mi cara encaja como en un molde.
Después de correrme se desacopla con un sonido de ventosa y me da un besito en la punta de la nariz. Es el primer beso que me da. Mete la camiseta en el cubo de agua y se frota el cuerpo sudado. Es la primera vez que me resulta atractiva, y mi polla se niega a encogerse y se mueve arriba y abajo marcando el compás de mi ritmo cardíaco. De pronto oímos unos pasos afuera y toda la sangre se me bascula a la cara. Guardamos silencio, conteniendo la respiración. [Continuará]