miércoles, 12 de marzo de 2008

:the dead king


Una conmoción sacude la pequeña población de Perryville (Missouri) la mañana del 6 de diciembre de 1904. En cuestión de un par de días todos los medios de comunicación del país se personan en el pequeño condado atraídos por una macabra noticia. Elizabeth, la pequeña de cuatro hijas de la familia Cares, mortificada por los remordimientos, declara ante la policía ser la autora del asesinato de su padre, el pastor evangelista Jonah M. Cares. Al principio las autoridades no quisieron dar crédito a sus palabras, pues el reverendo Cares, aunque llevaba tiempo sin ser visto por la ciudad, solía ausentarse con regularidad por cuestiones relativas a su ministerio. Pero tras encontrar en la vivienda de los Cares restos de huesos humanos se comienza una investigación policial en toda regla, mientras la joven Elizabeth se suicida ahorcándose en su celda. En el juicio sale a relucir toda la verdad: lo que en principio podía parecer un simple (es un decir) caso de parricidio, resulta ser la punta del iceberg de lo que sucedió en aquella casa. Anna, la madre, mantenía una compleja relación con sus cuatro hijas, con las que acabó por formar una suerte de comunidad matriarcal completamente hermética a influencias externas. Entre todas mataron al reverendo Cares y, lo más macabro, se lo comieron en los meses sucesivos. No estoy destripando el libro, ya que todo esto se narra en el primer capítulo; el resto, lo realmente interesante y espeluznante, es cómo pudieron llegar a esa situación extrema las mujeres Cares. Resulta terrorífico comprender que, dentro de su lógica desviada, quizás tenían razón al hacer lo que hicieron.

Douglas Meyer, autor del libro, dio con la noticia por casualidad en la hemeroteca del Baltimore Chronicle, donde trabajaba como documentalista. Intrigado por el caso decide investigar y pronto comprende que de ahí puede salir un libro apasionante. Durante seis largos años se dedica a recopilar toda la información sobre el caso reflejada en la prensa de la época y, lo que es más interesante, en las declaraciones policiales de las cuatro supervivientes y en las actas del juicio. Los pequeños huecos los rellena hábilmente con una dramatización efectiva, de estilo seco y conciso, con un resultado más próximo a La canción del verdugo de Norman Mailer que a A sangre fría de Truman Capote. Sin tomar partido por ninguna de las partes, Meyer se limita a narrar los hechos tal como ocurrieron, y deja que el lector juzgue los actos de las protagonistas, como hizo el juez en la época, que las condenó a la pena capital (las únicas mujeres ajusticiadas en el estado de Missouri en el siglo XX). El libro fue merecedor del premio Banquet de Investigación Periodística en su edición del 2002, y es una verdadera pena que hasta ahora nadie se haya dignado a editarlo en castellano. La edición original resulta muy atractiva, ya que viene acompañada de fotografías de la familia (escalofriantes sabiendo lo que ocurrió después), y copias de las actas del juicio y titulares de la prensa. Si tu inglés es simplemente correctito, no lo dudes y hazte con él.