jueves, 11 de febrero de 2010

:la maldición de Damián

Hola, me llamo Damián y soy adicto al sexo.

Bueno, lo sería si fuese norteamericano. Aquí soy un sátiro, un salido, voy quemado, voy cachondo todo el día… en definitiva: follo cuando puedo.

Pensar todo el día en meterse caballo no te convierte en drogadicto, ¿no? Pues eso.

Nos rige el cerebro reptiliano, el que se encarga de autorregular el organismo. Ni piensa, ni siente: sólo actúa. Ya sabéis, los tres reyes magos: comer, cagar y reproducirse.

A mi me tira sobre todo el último, aunque no entiendo por qué tiene que ser en tantas posturas diferentes.

Busco en google y algún estudio dice que el hombre piensa en sexo cada 6 segundos.

No sé como harán ese tipo de estudios, ni como no se desvirtúan por el mero hecho de realizarse. Tampoco sé qué considera la gente del estudio “sexo”, ni cuando un pensamiento se convierte en sexual y cuando deja de serlo. Yo creo más en un hilo de pensamiento continuo cuya temática es, implícita o explícitamente, el sexo.

Creo que ese es el gran misterio; no la muerte, sino ¿los demás, como yo, están pensando en follar todo el día? Y si es así, ¿por qué no nos dejamos de tonterías y follamos?

Una fantasía que suelo tener: que la gente se haga una señal secreta por la calle, en los bares, en la cola del cine. Una señal inequívoca que indique que esa persona quiere follar contigo.

Es triste, habiendo sinfonías, habiendo retablos, habiendo novelas, habiendo poemas épicos, habiendo, no sé, recopilatorios de los Beatles… es triste estar todo el santo día pensando en meterle la polla por cualquier agujero a una mujer.

Creo que por eso añoramos la infancia: porque podías dedicarle tu mente a otra cosa, aunque sólo fuese a hacer chorradas con plastilina. Que pena que nuestra etapa de mayor lucidez mental se corresponda con la de menor pericia técnica.

Después de eso, ¿qué nos queda? ¿Esos dos minutos después de corrernos? No da tiempo para componer una ópera, precisamente. Supongo que por eso admiramos a los artistas: porque son capaces, aparentemente, de abstraerse del instinto reproductor el tiempo suficiente para juntar dos líneas, para juntar tres notas, para emborronar un lienzo… Digo “aparentemente” porque, ¿para qué crear sino para sobresalir de la muchedumbre? ¿Y para qué sobresalir sino para follar?

La otra ramificación de mi problema es que me gustan las chicas más bien jovencitas. Esto no es un eufemismo para decir “menores de edad”. Significa exactamente lo que significa: chicas jovencitas. La diferencia entre “jovencitas” y “jóvenes” es que el significado de “joven” va variando a medida que uno envejece. Cuando tienes treinta, una cría de veintidós es “joven”; cuando tienes cuarenta, una de treinta y uno es “joven”; cuando tienes ochenta, para no alargarnos, cualquier cosa que respire por sí misma es “joven”.

“Jovencita”, sin embargo, es un término puro e inmutable. Una chica de veintiséis años ya nunca podrá volver a ser una “jovencita”. Ni aunque, o sobre todo cuando, se ponga una minifalda de cuadros escoceses y unas coletas. Nada nos muestra más cómo somos realmente que los disfraces. Prueba a vestirte de mujer y verás que masculino resultas.

¿Por qué me gustan “jovencitas”? Un buen amigo mío me dijo una vez que es porque durante el instituto y buena parte de la facultad no me comí una mierda, y ahora busco lo que no pude tener entonces. Puede ser, tiene sentido. Todo aquel deseo que no fue a ninguna parte (obvien los chistes fáciles, por favor) tuvo que enquistarse de alguna forma dentro de mí.

Si lo piensan es un drama: los jonkies buscan con cada chute ese paraíso que alcanzaron con el primero viaje. Lo mío es peor: con cada polvo trato de volver a un sitio donde nunca he estado. O al menos donde nunca he estado realmente, sólo en mi imaginación. Y ya sabemos que nada, nunca, es como lo imaginamos.

Así que aquí estoy, como todos ustedes, persiguiendo fantasmas.

Como todos ustedes, todo el día pensando en follar.

Esto, una cosa más, si alguien se apunta a un polvo rápido y desapasionado, que se rasque la punta de la nariz con el dedo anular cuando nos estemos tomando el café y comentando la jugada en el hall.

Absténganse las mayores de veintidós. No es nada personal.

Muchas gracias.

(Aplausos)

3 comentarios:

Dr Zito dijo...

Muy Palahniuk, no?

toni bascoy dijo...

Ahá, veo por dónde vas: el rollo Palahniuk de los grupos de apoyo. Sí, puede haber algo de eso, aunque no conscientemente. Hace mucho que no leo a Palanhiuc y más aún que dejó de interesarme. ¿Es cosa mía o se hizo muy repetitivo, muy predecible?
Un saludo!!

Anónimo dijo...

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