martes, 21 de enero de 2014

:cómic 2013

Miro hacia atrás y compruebo con alegría que el pasado 2013 ha sido un año muy bueno en comics.  Un par de apreciaciones previas, del todo subjetivas:
Mi desapasionamiento por los superhéroes: es un género, una industria, con la que llevo una relación de amor/tedio de unas tres décadas, y aunque pasamos etapas separados, etapas en que casi no nos vemos, de vez en cuando vuelvo a caer en su trampa, y acabo dejándome meter, aunque solo sea, la puntita.  Pues bueno, este año ha sido de total desapasionamiento; no tengo ni idea de si es feliz o no, si ha encontrado a alguien o está sola; simplemente, ha dejado de importarme.
En el lado positivo, el gran momento que está pasando la editorial Fulgencio Pimentel, que saca un pequeño puñado de títulos al año, pero ¡vaya títulos!  Una edición exquisita, normalmente mejorando la original, y una selección sin mácula, que para este 2014 nos va a dar muchas más alegrías.  Bravo por ellos.
Como ya hice con mi selección de películas, primero va el pelotón, y por último los tres del pódium.


Silvio José destronado (Paco Alcázar), cualquier obra suya está por encima de la media, pero resalto esta porque, inscrita en una revista comercial como El Jueves, Alcázar va a lo suyo, sin contemplaciones.  Introduce variantes en su esquema, saca a Silvio de su hábitat y no solo la serie no decae, sino que da la impresión de que todo lo anterior era un prólogo a esta gran aventura.
Videojuegos (David Sánchez), con poca obra todavía en su haber, Sánchez no da un paso atrás.  O lo sigues o te lo pierdes; yo le sigo como un lemming.


Rocky (Jaime Hernandez), es una obra antigua del californiano, una obra "menor".  Pero una obra primeriza y modesta de un genio como Hernandez es mucho decir.  Mezcla tantos elementos, tan dispares y con tanta naturalidad, que parece que ni estás leyendo.
Mox Nox (Joan Cornellà), pasando de su anterior estilo, muy a lo Clowes, a una crueldad colorista lindante con el surrealismo más delirante, Cornellà se ha convertido en una estrella de la red, y me imagino que la primera recopilación de sus planchas mudas ha debido de tener bastante éxito.  O debería.
Ana y Froga (Anouk Ricard) un delicioso tebeo infantil que estoy seguro de que he disfrutado yo más que la mayoría de los niños que lo han leído.  Divertidísimo.
Aama 3 (Frederik Peeters), comic europeo en todo su esplendor, ciencia ficción "adulta", dibujo espectacular, guión envolvente y medido... Esperando el último número con expectación.
Vampir (Joan Sfar), todos los años cae algún Sfar, y del pasado me quedo con esta exquisita recopilación de los cuatro primeros tomos de las aventuras del vampiro Fernán.  Sfar en todo su esplendor: libre, impredecible, romántico, canalla, divertido.  Un genio


Bakuman (Tsugumi Ohba y Takeshi Obata), poco manga leo últimamente, y esta es la única serie larga que me ha mantenido enganchado hasta el final (20 tomos), sin apenas baches (aunque los hay).  Historia de crecimiento, con el fondo de la industria editorial del manga; adictivo, emocionante, instructivo y de factura impecable.
Paul en Quebec (Michel Rabagliati), todo Paul me gusta, y esta obra no es una excepción.  Un milagro de cotidianeidad, de humanidad, de humor ligero y drama hondo, que siempre me conmueve.  Muy fan.
El hombrecito (Chester Brown), recopilación de obras cortas de Chester Brown, en orden cronológico desde sus comienzos hasta finales de los 90.  Brown es un genio, así que esta obra es lo que es: la obra de un genio y ya.
Grandes preguntas (Anders Nilse), un tomo enorme, en tamaño, en ambición, en calidad... Una obra peculiar y única.  No has leído nada así en tu vida.  No has visto nada así en tu vida.


Los surcos del azar (Paco Roca), autor de merecido éxito, Roca siempre me ha parecido un gran (grandísimo) artesano, pero sin la genialidad que toca a otros autores.  Quizás con este tomo tenga que comenzar a cambiar de opinión.  Realidad y ficción se entremezclan con pasmosa naturalidad en una obra sobre la memoria, sobre la dignidad y sobre mil cosas más.  Muy bien narrado, y aún mejor dibujado de lo que Roca suele hacerlo.


Pudridero 2 (Johnny Ryan), fantástica edición española que incluye dos números de la original Prison Pit.  Ryan abandona toda convención, todo recato, toda la educación y todas las coartadas morales que vamos acumulando a medida que nos hacemos adultos, y dibuja como un niño salvaje una historia hiperviolenta que engancha como la droga buena.
La propiedad (Rutu Modan), gran dibujante, gran narradora, Modan cuenta una apasionante historia que parece la actualización del cómic europeo de línea clara a los tiempos, los modos, las temáticas y la extensión de la novela gráfica. 
Todo y nada (Sammy Harkham), algunas de las mejores historias cortas del año pasado están en este cómic.  Muy muy grande.


La colmena (Charles Burns), a la espera de la conclusión, Burns sigue dejándonos patidifusos con esta especie de Tintín en la interzona.  Descomunal.


Los vencedores, con foto finish.

3- El rayo mortal (Daniel Clowes), su canto de amor a los comics de superhéroes de su infancia, lleno, como no podía ser de otra forma en su autor, de ironía y angst.  Como un reflejo distorsionado de Steve Ditko.


2- La hermandad de historietistas del gran norte (Seth), un tebeo pequeño en dimensiones, modesto en apariencia, con un dibujo suelto y caprichoso extraído directamente de los cuadernos de dibujo de Seth.  Pero inabarcable en resultados.  Como Borges, como Lem, aquí Seth cataloga las historias que quizás le da pereza dibujar, pero que a nosotros nos encantaría leer.  Absolutamente mágico.



1- Frank (La cuerda del laúd/Fran) (Jim Woodring), los dos últimos tomos de la obra mayor de Woodring, en exquisita, perfecta edición de Fulgencio Pimentel.  No sé que puedo decir a estas alturas de esta obra: es una experiencia absolutamente única, de un nivel narrativo y estético solo a la altura de los grandes.  Sumergirse en el mundo surreal, cruel, deformado, luminoso, delirante, terrorífico, mutante de Frank, es entrever algo que sabes que ya nunca podrás olvidar.  Pero nunca.

jueves, 9 de enero de 2014

:cine 2013

Vamos a dar un personal repaso a mis visionados cinematográficos del reciente 2013.  Por alegres circunstancias (la participación en un libro colectivo y la escritura de mi primera monografía) me he visto mucho cine de temática fantástica de décadas pasadas; y por motivos extracurriculares se me ha dado por completar filmografías que tenía pendientes.  Pero como eso no le importa a nadie, me voy a centrar en las películas recientes que me han gustado. 


Lo de hacer un ranking del año se ha vuelto complicado, con films que se estrenan parcialmente pero se "encuentran" fácilmente, con películas que aquí no se han estrenado pero están "disponibles", etc.  Así que he optado por referenciar obras de los años 2012/2013, y tan contentos.  Me faltan por ver varias películas que sé, fehacientemente, que me gustarán; así que no tengan en cuenta las omisiones, y sí las inclusiones.  A remangarse:
Magic, Magic (Sebastián Silva, 2013) aprovecha el cuerpo de Juno Temple para exhalar una voluta de humo sobre la locura y/o la paranoia, sudorosa y narcotizante.


The Battery (Jeremy Gardner, 2012) este año he visto muchas películas de zombis (MUCHAS, créanme), y aunque esta no es la mejor, sí me ha parecido muy original: desdramatiza mucho la situación, es una película de colegas estimable, tiene varios giros interesantes, un par de gags descacharrantes y un tramo final claustrofóbico.  A mí me vale.
Jagten (Thomas Vinterberg, 2012) Vinterberg vuelve a ponernos incómodos en nuestros asientos, y con el (estupendo) actor de moda Mads Mikkelsen construye una historia increíblemente intensa sobre falsas acusaciones de abusos sexuales a niños, seca, contundente y lejos del maniqueísmo.  Buf.
Sightseers y A Field in England (Ben Wheatley, 2012 y 2013) Weatley sigue demostrando que es un cineasta de raza, con una comedia negrísima en el primer caso, y una estampa psicodélica en el segundo.  Difícilmente podrían ser más diferentes estas dos propuestas, pero me invento aquí este díptico para resaltar la oronda figura de su autor, uno de los directores más interesantes del último lustro, y que no da muestras de cansancio.


Django desencadenado (Quentin Tarantino, 2012) ya lleva Tarantino más de dos décadas en esto (qué viejos somos) sin dar el brazo a torcer.  En este caso pone su coctelera al servicio del western, otra de sus mezclas de referentes y alusiones de gozoso visionado.  Cine puro.
Only God Forgives (Nicolas Winding Refn) tras el éxito de Drive, Refn vuelve a contar con Gosling pero, lejos de seguir la estela de su anterior colaboración, aquí vuelve el cineasta a su vertiente más abstracta y descomprimida, en un film sobre venganzas y lealtades familiares de desarrollo casi musical.
Before Midnight (Richard Linklater, 2013) tercera parte de la serie (¿trilogía?) sobre los encuentros y desencuentros de los personajes de Delpy y Hawke, aquí ya casados y con una familia en común.  Lo mejor, para mi gusto, es la naturalidad con que se desarrollan las secuencias, la sensación (falsa) de realidad filmada.
The World's End (Edgar Wright, 2013) y hablando de trilogías, aquí termina la cornetto trilogy con otra comedia eminentemente inglesa, con alma de pub y llena de amigos pasándoselo genial trabajando juntos.  En esta ocasión la excusa es una invasión extraterrestre que los protagonistas tendrán que combatir entre pinta y pinta de cerveza.  Muy bueno Simon Peg, y buenas escenas de lucha.


La vie d'Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013) aunque no me ha parecido tan extraordinaria como a muchos, sí creo que encuentra un par de vetas de verdad, y contiene una de las mejores interpretaciones de los últimos años, la de una superlativa Adèle Exarchopoulos que es, ella, toda la película.
12 años de esclavitud (Steve McQueen, 2012) sigue McQueen regalándonos películas incómodas sobre personajes atrapados en las limitaciones de sus cuerpos.  En este caso, con un presupuesto más holgado y un resultado más cercano al mainstream, pero sin perder su impronta visual, sustituye a Fassbender como actor fetiche (que también hace un gran trabajo en un papel antagonista) por un no menos extraordinario Chiwetel Ejiofor, que lucha por recuperar su condición de ser humano.
In Another Country (Hong Sang-soo, 2012) otra miniatura del gran cineasta coreano, en este caso con la ya mítica Isabelle Huppert interpretando tres papeles en una filigrana que mezcla la realidad con la ficción, creando capas de repeticiones, de rimas y variaciones que discurren con una frescura y naturalidad con la que el cine occidental hace cinco décadas que no sueña.
Uranes (Chema García Ibarra, 2013) de las propuestas nacidas de #LittleSecretFilm esta es la que más me ha convencido (aunque ninguna es desdeñable, por ahora).  El primer largometraje del multipremiado cortometrajista García Ibarra mantiene sus constantes temáticas y estilísticas, y consigue una hora de cine desconcertante e hipnótico, y muy libre.



Mapa (León Siminiani, 2012) y otro cortometrajista que se pasa al largo es Siminiani, con este documento, una obra que se va retroalimentando, que va buscando su significado a medida que avanza en un crecimiento fractal.  Buena road movie.
The Master (Paul Thomas Anderson, 2012) otra de esas panorámicas de dos horas largas de Thomas Anderson, un director con vocación de sociólogo, con estupendas interpretaciones y una puesta en escena apabullante.  Un espectáculo audiovisual (el sonido en sus películas es siempre sobresaliente) de primer nivel.
La tumba de Bruce Lee (Canódromo Abandonado, 2013) una marcianada muy divertida hecha a seis manos, llena de personajes mezquinos y mentirosos (pero "entrañables", ese adjetivo) y uno de los mejores gurús del cine reciente.  Además, tiene una de las escenas más descolocantes que he visto este año (la de los escupitajos).  Como anécdota, decir que su visionado en el festival de Sitges supuso la mejor experiencia en 3D de mi vida (me río de Gravity), pues durante toda la proyección, cada vez que salía Julián Génisson en pantalla, parecía que podía tocarlo (de hecho, podía tocarlo, porque lo tenía en el asiento de delante).


Beyond the Hills (Cristian Mungiu, 2012) cada vez tengo más claro que el cine rumano es la ciencia ficción española: con el retroceso social que estamos viviendo, nuestro futuro cada vez se parece más al pasado y al presente de la Europa del este.  Otra película extraordinaria de Mungiu, de una credibilidad física dolorosa.


Hasta aquí el pelotón.  Ahora el podio, con foto finish, eso sí.

3. Frances Ha (Noah Baumbach, 2012) esta película, a priori, lo tiene todo para espantarme (blanco y negro arty, rollito Woody Allen, aires de Brooklin...) pero me ha rechiflado.  Porque tiene algo que compensa todos los peros; es más, tiene algo que convierte todos los peros en virtudes, que transforma la (hipotética) impostura en dicha, la artificiosidad en encantadora torpeza.  Y eso que tiene es la inconmensurable presencia de Greta Gerwig, una actriz con un talento con el que solo pueden soñar el 99% de sus coetáneas.  Bravo.


2. The Act of Killing (Joshua Oppenheimer, 2012) un WTF de dos horas y media, un documental sobre las matanzas sistemáticas de comunistas en la Indonesia de los años sesenta, contada y recreada por los propios matarifes.  La sucesión de secuencias que se te quedan grabadas en el córtex cerebral es incontable, en un trabajo complejo y exhaustivo de ocho años, que mezcla lo kitsch con lo abyecto sin solución de continuidad, con unos "personajes" inolvidables (ese genocida bailongo que es Anwar Congo, ese Falete indonesio que es Herman Koto...).  Un género en sí misma.



1. The Lords of Salem (Rob Zombie, 2012), ay, yo qué sé.  Ni me gustaron especialmente las películas anteriores de Rob, ni me va el rollo tremendista white trash que se trae, ni nada de nada.  Pero esta película me tuvo sus cien minutos de duración hipnotizado, con un imaginario quizás muy de segunda mano, pero que a mí me funcionó y que me hizo, por momentos, adorar a Satán.



lunes, 2 de diciembre de 2013

:Broadchurch vs. Hello Ladies.

Un par de series británicas que me he visto recientemente.
En un extremo, el melodrama policial Broadchurch.  Primera tanda de 8 episodios (que no tengo ni idea de cómo piensan continuar), siguiendo la costumbre inglesa de temporadas cortas.  El punto de partida no es especialmente novedoso (de hecho, desde la ya lejana Twin Peaks casi parece un lugar común al cual las ficciones televisivas seriadas vuelven una y otra vez): en una pequeña ciudad aparentemente idílica aparece un niño muerto, y la posterior investigación policial deja al descubierto la podredumbre subterránea de muchos de los ciudadanos. 
La trama se va desvelando poco a poco, sin olvidar ninguno de los ángulos (convecinos, policía, prensa...), repartiendo mierda para todos por igual.  Como viene siendo canon en estos casos, los sospechosos del crimen se van sucediendo en los episodios, hasta llegar a la resolución del misterio, más o menos imprevisible.  El gran acierto en este who did it continuo, en esta yincana de presuntos asesinos, es que esas subtramas-callejón-sin-salida en realidad están preparando, temática y moralmente, el verdadero final, la verdadera resolución del crimen.  Chapeau. 


Tanto detrás de las cámaras (o del guión), con Chris Chibnall, como delante, con David Tennant (y otros), encontramos relaciones con esa institución británica que es el Doctor Who, que no tiene que ser, por sí mismo, ni bueno ni malo, pero es así.
La realización es modélica, con un uso de los filtros y los objetivos exquisito, y con ese tono tan británico que encuentra la media sonrisa hasta en los lugares más insospechados. 

En el otro extremo del cuadrilátero tenemos la producción HBO pero de alma inglesa Hello Ladies.  Se trata de una comedia perpetrada por Stephen Merchant, el gigantesco partenaire de Ricky Gervais en sus mejores empresas.  Como en sus trabajos conjuntos, aquí la comicidad es, mayormente, a costa de sus protagonistas, sumergiéndose en la vergüenza ajena y las situaciones incómodas como un cochino en un charco de lodo. 
La cosa va de Stuart Pritchard, un empresario informático inglés mudado a Los Angeles y que dedica todas sus energías en intentar ligarse a toda moza despampanante que se le ponga a tiro.  El cuerpo desgarbado de Merchant sirve para evidenciar esa torpeza social, esa continua ineptitud imposible de ocultar con sus 2,04 metros de desesperación sentimental.


El resto de los personajes principales (una eterna aspirante a actriz, un divorciado que se niega a asumir el fracaso de su matrimonio...) no se quedan atrás en cuanto a patetismo.  El único personaje que parece moverse con soltura por entre los entresijos sociales es, paradójicamente, Kives, un sátiro paralítico que suele conseguir lo que ansía (básicamente ser follado) quizás por andarse sin dobleces e ir de cara.
Si uno gusta de las situaciones que se alargan hasta lo incómodo, y la gente que se engaña a sí misma para intentar alcanzar algo cercano a la felicidad, esta es su serie.

lunes, 7 de octubre de 2013

:Sitges

Pues ya es un hecho incontestable.  Hasta ahora podía dudar de si todo esto era un delirio de mi mente, que se había imaginado que había escrito un libro, y había elucubrado  con una compleja relación vía correo electrónico con unos editores imaginarios.  Pero no, resulta que es cierto: el libro existe, ya me han llegado los ejemplares de cortesía a casa y son tangibles (y pesados: buen papel).
Y ahora resulta que me voy a ir a Sitges a presentarlo en sociedad, porque parece ser que todos los años hacen una especie de feria donde se juntan un puñado de personas a las que le gusta esto, y vamos a intentar que nos compren unos pocos libros.
Les dejo aquí el afiche promocional.  Al parecer voy a firmar ejemplares el sábado día 12 de 18 a 19.  Si quieren ponerme en un compromiso, pásense por allí, porque sólo llevaré tres dedicatorias preparadas, así que la cuarta será repetida.
Al día siguiente, domingo 13, presentaremos el libro en público.  Y eso ya será el delirio.  Si quieren verme divagar y farfullar, pásense por allí.  Firmaré ejemplares del libro y pelotas de tenis gigantes a todos los que se acerquen.  
Atentamente: T.

jueves, 19 de septiembre de 2013

:cabalgando la bomba.

(Breve extracto, ligeramente modificado y ampliado, del libro Dark Star + El regreso de los muertos vivientes, Tyrannosaurus, 2013).


La escena del astronauta surfeando en el espacio sobre los escombros de la nave, quizás sea la imagen más recordada y representada de Dark Star (John Carpenter, 1974), y parece remitir a la obra de Stanley Kubrick ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú (1964), siendo una reescritura directa de la escena del cowboy cabalgando la bomba en aquella. En realidad, esa imagen icónica tiene una larga trayectoria. Sin necesidad de retrotraernos al Barón Münchhausen, durante la Segunda Guerra Mundial los superhéroes norteamericanos cabalgando una bomba se convirtieron en una imagen muy habitual. Superman (tanto en cómic como en seriales), el Capitán Marvel, los Commands... Incluso imágenes alegóricas del Tío Sam, o anuncios para alistarse en la Marina, representaban a los protagonistas subidos a horcajadas sobre un pepino explosivo.







La figura, cargada de simbología nacionalista metamorfoseada en exaltación del poder masculino, nos decía que había que ser muy hombre para dominar el poder, para redirigir la trayectoria del misil; no existe, por ejemplo, una versión de Wonder Woman sentada sobre un misil, pero sí de ella atada a un misil, en una imagen de bondage y sumisión bastante evidente: podía ser una diosa, pero seguía siendo una mujer. Asimismo, Bucky Barnes, el sidekick adolescente del Capitán América, perdía su vida en plena contienda al quedarse su manga enganchada en una bomba, pues todavía no era lo suficientemente hombre para domarla. El petardo le explota en la mano: una eyaculación precoz en toda regla.



Estas estampas fálicas de aguerridos machos alfa domeñando pepinos de acero, ejemplarizaban el poder de Estados Unidos sobre los demás contendientes, y su dominio de la energía nuclear como una corrida letal pero controlada. Kubrick, con su humor negro, le da la vuelta a esta simbología: mientras en los años cuarenta el atlético cowboy domaba a la salvaje bomba enemiga o conducía hacia la gloria a la bomba amiga, en su película de 1964, irónicamente, es un obeso soldado el que, a base de sumar su peso corporal al de la bomba, hace que ésta caiga y llegue mortalmente a su destino, con la ausencia total de dramatismo que implican las leyes físicas. Ya no están en plena Guerra Mundial, pero la imagen no resulta en absoluto inocua ni inocente, pues el mundo vivía en plena Guerra Fría, sólo dos años después de la crisis de los misiles en Cuba, con un pueblo americano al que aún no se le había pasado el susto.  
El astronauta realizando surf espacial en Dark Star es, también, una instantánea de su época. En pleno bajón hippie, a principios de los muy narcotizados años setenta, la idea del trip, la idea de, literalmente, surfear la inmensidad del universo (interior o exterior) era casi un lugar común. Recordemos a otro icono del cómic (como buen arte popular, el comic-book recoge muy bien el zeitgeist): Silver Surfer. Aparece por primera vez en 1966, en las páginas de Los 4 Fantásticos, y obtendrá su serie original un par de años después (18 números entre 1968 y 1970).  Aunque alcanzó un éxito limitado, tuvo mucha predilección entre los universitarios liberales, que no sólo leían y debatían sobre sus cómics y las implicaciones morales y filosóficas que plateaban, sino que colgaban láminas con su figura en las paredes de sus dormitorios, junto a posters de Grateful Dead o Quicksilver Messenger Service.


El surfista de Dark Star es una imagen diametralmente opuesta a la de exaltación militar y masculina de la Segunda Guerra Mundial. En aquel momento se entendía que estaban librando una guerra "necesaria", en la que había que arrimar el hombro para ayudar a mantener alta la moral del soldado y del ciudadano. En 1972, cuando se inicia el rodaje de Dark Star, con la guerra de Vietnam ya en pleno decaimiento, una guerra denostada y considerada inmoral por la mayoría de los ciudadanos, lo normal era mostrar una imagen de independencia y libertad personal frente a una sociedad y unas instituciones represoras. En los años cuarenta, el cowboy colaboraba con la maquinaria militar y gubernamental; en Dark Star, tres décadas después, el surfista flota libre en el espacio: su final trágico sólo le implica a él, no habrá víctimas colaterales.


Esa imagen debió de gustarle al guionista de la película, Dan O'Bannon, pues volvió a realizar una variación en un breve cómic titulado Soft Landing, publicado en la  revista Heavy Metal en 1979, ilustrado por su amigo Thomas Warkentin (que también ilustrará el libreto de la edición en VHS de Dark Star). En este cómic mudo de cuatro páginas, una lanzadera espacial expulsa de sus entrañas un descapotable conducido por un astronauta que, al acercarse a tierra, abre un paracaídas que hace que el coche aterrice suavemente en el desierto. La historia la retomará O'Bannon para su colaboración en la película de animación Heavy Metal (Gerald Potterton, 1981), compuesta por segmentos independientes. Una versión animada de este Soft Landing acompaña los acordes hard rock melódico de los créditos de apertura.



John Carpenter, director de Dark Star, también realizó su particular autohomenaje a tan representativa secuencia, con la huida de Kurt Russell y Peter Fonda en 2013: rescate en L.A. (Escape from L.A.,1996), subidos en sus tablas, acompañados de los acordes del mito de la música surf Dick Dale.