jueves, 5 de marzo de 2009

:manuscrito hallado en una botella (de licor café)[56]

29 de noviembre - Cuando ayer salí de casa y me metí a la carrera en el coche de Damián, nada me podía hacer suponer que ese día iba a terminar con un fuerte temporal y follando, aunque de lo primero ya nos advirtió una locutora radiofónica. Nosotros miramos el cielo azul a través del techo acristalado del coche y nos encogimos de hombros.

Las instituciones pertinentes, sin embargo, sí se tomaron la advertencia en serio, pues el parking estaba lleno de operarios desmontando toda la parafernalia publicitaria del exterior del pabellón (carteles, carpas, postes…) y metiéndolas en camiones, lo que le daba al lugar un aspecto de circo que deja la ciudad que me puso de mejor humor (detesto el circo).

El grupo estaba esperándonos al completo. Benito, muy serio, nos dice que hoy tenemos que ponernos las pilas: de arriba le EXIGEN más subscripciones. Murmullos de protesta. Por mi parte, noto su ansiedad de intermediario, de engranaje en tensión perpetua por aparentar la dejadez del empleado raso cuando está entre empleados rasos, y una misantropía calculada cuando está entre gerifaltes, sin ser, nunca, ni de los unos ni de los otros. Sometido como está constantemente a aprobación y examen, por un momento aparco mi desprecio hacia él y sólo siento lástima. Pero se me pasa rápido: Rafaela me saluda con un breve hola acompañado de una sonrisa; nada espectacular, lo sé, pero no dejo de fijarme en que a Damián ni le ha mirado.

El optimismo vago e infundado con el que había llegado se difumina en cuestión de minutos, cuando todo el cansancio y el hastío que soy capaz de soportar se me caen encima y el cuerpo entero me palpita como una herida envenenada, desde la cabeza a los pies. Para redondear la situación, Benito se me acerca y me dice que no puedo mantener esa actitud tan pasiva, que no puedo esperar a que la gente se me acerque, que YO tengo que acercarme a ELLOS. Tengo que, palabras textuales, ofrecerme a todas las personas que pasen cerca de mi posición. Su lógica matemática es difícil de refutar: si hablando con X personas consigo X subscripciones, hablando con 10X personas, etc, etc. Me lo debo de quedar mirando como si no acabase de entender lo que acaba de decir, porque me da un pequeño empujón hacia el primer transeúnte que pasa a nuestro lado. Le suelto mi discurso en su versión más florida y rimbombante, pero declina mi oferta antes de que termine la primera frase subjuntiva. Miro de reojo a Benito, que me insiste con un movimiento percutante de máquina de coser para que siga en esa línea. Esboza una mueca que intuyo trata de ser una sonrisa alentadora, pero que parece más un espasmo de desesperación. Me lanzo a otro transeúnte, y a otro, y a otro, y vuelvo a mirar a Benito y ya no está, y giro sobre mí mismo buscándolo pero ya se ha ido, y aquí es cuando me derrumbo. No puedo más. Me meto en los servicios y entro en uno de los cubículos y me siento sobre la tapa del retrete y me pongo a llorar.

Esto me dura unos veinte minutos. Después, cabizbajo, encorvado, con la cabeza entre las manos, oyendo el jolgorio amortiguado del exterior y las entradas y salidas ocasionales a los servicios, me quedo allí una hora, dos horas, tres horas, sintiendo ese tiempo como robado, aunque no sé a quién. Lo más parecido a dormir que he hecho desde no sé cuándo.

Cerca la hora de comer echo un pis, tiro de la cisterna, me lavo la cara y salgo como si no hubiese pasado nada. Interpelo a los transeúntes mientras vuelvo a mi posición, dónde ya me está esperando todo el grupo cotejando resultados. Nadie me ha echado de menos. Me invento cinco subscripciones y nos vamos a comer.

martes, 3 de marzo de 2009

:momentos musicales #3

Yo es que me quedo gaviota. Tanto nunca máis y tanta hostia y ya estamos con lo mismo otra vez. Para que no cunda el pánico me he pasado por la youtube a rescatar alguna cancioncilla de esas que me han alegrado días pasados, y que espero me sirvan para sonreír hoy un poquillo, y a ustedes si gustan.

Primero una de ese par de pirados que atienden por los apelativos de King Khan & BBQ Show. Vale que la animación del clip no es una barbaridad (está al nivel de unos Aurones con toques escatológicos), pero la canción, que abría su chanante disco homónimo, despierta a los fiambres y da ganas de montar una fiesta sólo para pincharla. Rock'n'Rolla!



Otra canción que se me suele pegar en el córtex cerebral es esta de Clem Snide, aunque la youtube se la atribuya a su líder, Eef Barzelay. De nuevo el vídeo no es la repanocha; de hecho parece una peli de Wes Anderson, con ese tufillo indie noventero (detesto los clips con argumento), y la pinta de Eef tampoco resulte especialmente trempante (no, no es David Lee Roth). Pero el estribillo es luminoso, prístino... perfecto. Bon appetit.

Por último, los New Pornographers. Una de mis canciones favoritas de su primer y aún no superado disco. Una revitalización de la New Wave (no lo digo yo, lo dicen TODOS los críticos) más chispeante y desenfadada; y que además en la mitad de los cortes se beneficia de la preciosa voz de Neko Case, que demuestra que su timbre sirve tanto para el country como para el power-pop (desde Gram Parsons ya sabíamos que eso era posible). Suban el volumen y que se mueran los feos (esos que ustedes están pensado).