martes, 10 de mayo de 2011

:campo de batalla: la mujer (un par de películas)

Les voy a hablar de un par de películas que he visto recientemente. Se me ocurren un par de razones para incluirlas en el mismo post, como que ambas son de “terror”, o que ambas usan el cuerpo de la mujer como espacio, como ámbito para desarrollar su discurso; pero son excusas vacías: la única razón es que me las he visto el mismo día. Es lo que hay.

Por orden cronológico: I spit on your grave. No me interesa quién la ha dirigido ni quién la ha escrito, fíjense que falta de rigor; ni siquiera me he molestado en ver el film original del que éste es un remake. Me acerqué a esta película de género, que por ambición y resultados bien podría haberme pasado desapercibida, por un par de críticas favorables y por la temática. Michael Haneke. Ya está, ya lo he dicho. De un tiempo a esta parte no paran de salir “nuevas” Funny Games, que ni son nuevas ni son Funny Games. Lo que hizo con esa película Haneke fue darle una vuelta de tuerca a una temática ya antigua. Aportó un tono, una mirada, una pátina intelectual y metalingüística a un tema que ya habíamos visto (y seguimos, y seguiremos viendo) en multitud de películas, normalmente “menores”, normalmente de género. Y I spit on your grave es una película de género, concretamente de ese subjénero de “gente refinada de la gran ciudad contra el depravado de campo”. Este choque de civilización contra salvajismo no sólo tiene notables antecedentes en el terror, sino también en el cine “serio”, como Deliverance o Perros de paja. Y como en éstas, aquí el meollo también está en la tensión sexual, en el sexo como metáfora del enfrentamiento entre normas e instinto; y como en aquellas, aquí la tensión también se resuelve en una violación, aquí larga y sostenida, supongo que insoportable para algún espectador sensible, a pesar de evitar una explictud pornográfica.

La estructura en bisagra de la película hace que toda esta violencia sobre el cuerpo de la protagonista se vea reflejado en la segunda mitad, en que una vengadora casi sobrenatural (como El jinete pálido de Eastwood), espectral, sin piedad, va vengando todas las afrentas de la primera mitad. Ojo por ojo.

La cosa está correctamente construída, no insulta la inteligencia de un espectador medio, la chica lo hace bastante bien y, bueno, quizás el desenlace sea un pelín anticlimático, porque las últimas muertes son un poco descafeinadas en comparación con las primeras (sé que estoy metiendo muchos spoilers, sorry, pero la gracia del invento está en cómo es la venganza, no en que se vengue, que eso ya cae de cajón). Pues eso, que no está mal; pero les recomiendo una sesión doble seguida de “Tucker & Dale vs. Evil”, una maravilla que trata el mismo tema desde una óptica de comedia, como Zombies Party hizo con el género de Zombies.

Y vamos con la segunda, La posesión de Emma Evans. Ya por el título intuímos por donde van los tiros: sí, es una película de posesión diabólica, con exorcismo incluído (el título original es Exorcismus), un género que a mí me deja bastante frío, la verdad. Todos me parecen variaciones de El exorcista, una película que tampoco me marcó especialmente, pero que parece haber dicho todo lo que se podía decir sobre el tema. Me veo esta película, simple y llanamente, porque está escrita por David Muñoz, un profesional al que tuve el placer de tener como profesor en un máster de guión. Aunque su asignatura era sobre diálogo, creo que aprendí más sobre guión en general con él que con la mayoría de los otros docentes. Por eso me duele tanto tener que decir esto: esta película es un truño. La historia es una tontería que ni llega a dar miedo, ni llega a inquietar, ni a calar, ni a interesar... Es difícil empatizar con la protagonista, que desde el principio se muestra como una cría caprichosa y tontita. Su situación familiar, que sobre el papel me imagino tendría que parecernos agobiante, en la película es casi un ideal de clase media-alta, con lo cual su aparente rebeldía, esa lucha por ser “libre”, se nos antoja pueril. Supongo que ese es el mayor problema: cuando las explicaciones llegan, cuando las vueltas de tuerca deberían dejarnos con la boca abierta, sientes que todo ha llegado demasiado tarde, que se nos está dando una información que no nos importa, y además todo resulta más estúpido de lo que uno había imaginado.

En cuanto a los diálogos en sí, tampoco quiero ensañarme demasiado. No sé en qué circunstancias se ha escrito, ya que el rodaje es en inglés, así que no sé si el resultado final es una traducción de una traducción. Lo que sí que no puedo pasar por alto son detalles como presentar a un personaje con esta frase: “¿Cómo está mi hermana favorita?”. Esa explicitud, esa falsedad, ese dar información tan a las claras, tan a la cara, es justo lo contrario, no sólo de lo que debe hacer el buen cine, sino lo contrario de lo que el señor Muñoz nos explicó una y otra vez. Así que no sé si el señor Muñoz es más crítico con la obra de los demás que con la suya, si tenía un mal día, si le destrozaron el guión en el rodaje o qué. Todo son dudas menos una certeza: esta película es mala, muy mala. Véala usted si es muy fanático y completista del tema y le falta esta muesca; los demás, es un consejo de amigo, absténganse. Ah, y hoy en día, todos los coches vienen con airbag.