martes, 18 de enero de 2011

:DeLillo en el punto omega

Don DeLillo es uno de los escritores vivos más importantes. Importante por lo que está diciendo y cómo lo está diciendo.
Su última novela, Punto omega, es un texto breve, pero esconde entre sus escasas páginas un misterio insondable, una sabiduría rumiada, amasada, destilada durante décadas por la mente de DeLillo. Ha depurado su estilo hasta un punto en que las palabras, simplemente, le obedecen. Todo lo accesorio ha desaparecido del texto, concentrado en trasmitir la información de forma pura, como una fórmula matemática.

Un personaje anónimo, apollado contra la pared de una sala de exposiciones del MoMA, ve día tras día la proyección de la pieza de Douglas Gordon "24 Hour Psycho", que consiste en la ralentización de la famosa película de Hitchcock desde los 24 fotogramas por segundo de rigor, a 2 fotogramas por segundo, para que dure 24 horas. Esta ralentización consigue alterar la sensación de tiempo y espacio del espectador, destruye sus conceptos espaciotemporales.
Como una imagen especular, Richard Elster, un antiguo asesor de guerra del Pentágono, se retira al desierto en busca de espacio y tiempo. Un joven cineasta lo visita para tratar de convencerlo de hacer un documental sobre su experiencia y sus reflexiones sobre la guerra de Iraq. Sólo un plano de él sobre una pared.

La hija de Elster los visita y se crea una extraña sociedad que parece funcionar como una familia, hasta que algo inesperado y devastador sucede y todo se desmorona.
La relación entre las dos partes, museo y desierto, se nos aclara al final del libro. Bueno, "aclarar" quizá no sea la palabra, porque la novela se cierra manteniendo gran parte de su misterio, sin desvelar esas partes esenciales que permitirían ver la foto completa.
"Si lo revelas todo, si desnudas todos tus sentimientos, pidiendo comprensión, pierdes algo fundamental para tu noción de ti mismo. Necesitas saber cosas que los demás no saben. Lo que los demás no saben es lo que te permite conocerte a ti mismo."