
El libro se abre con un prólogo, bienintencionado pero vacuo, de Santiago Segura. Después el autor, en una declaración de intenciones, delimita el campo de su estudio: cine de animación narrativo. Esto deja fuera, en primer lugar, a toda la animación televisiva, en la que se están haciendo cosas muy interesantes, casi más que en el cine, en las últimas tres décadas; también deja fuera toda la animación experimental, abstracta o no narrativa, que conformaría un corpus paralelo al analizado por Costa, que daría para otro libro muy interesante. Una de las trampas que decíamos está en incluir largometrajes basados en series televisivas, que parecen más una excusa para hablar de personajes imponderables en esto de los dibujos animados, que no un reconocimiento al valor intrínseco del film. Vaya, que no creo que la película del Oso Yogui o la de los Simpsons sean realmente esenciales en la historia del cine, aunque sí lo sean sus creadores y sus series madre.

Al principio fue el cortometraje. Después, poco a poco, va ganando terreno el largo, y una figura clave parece infectarlo todo: Walt Disney. Independientemente de si uno comparte o no los ideales éticos y estéticos del estudio Disney, no cabe duda de que su sombra lo cubre todo, de que su influencia, por mímesis o por negación, está presente en buena parte del cine de animación de cualquier época y latitud. No se me ocurre ningún otro arte popular en donde una figura única haya condicionado tanto su desarrollo. Ni Griffith en el cine de carne y hueso, ni los Beatles en la música pop, ni Kirby en el comic-book americano...

No sé si ha quedado claro por mis palabras, pero este libro es una gozada. No podía ser menos: cuando en una obra se unen la lucidez con el sentido lúdico, es imposible dejar de disfrutar con su lectura, casi aunque no te interese el tema. Que no es el caso.
Un aliciente extra, en los tiempos que corren, es usar este libro como mapa para moverse por internet. Hace sólo una década, la mayoría de las obras indexadas por el señor Costa sólo podrías disfrutarlas en filmotecas o en casa de algún amigo fanático con una estantería y Visa bien provistas. Hoy, entre descargas y youtubes, puedes acceder a prácticamente todo lo aquí reseñado.
Y como hablar de animación no es ni la mitad de divertido que ver animación, termino este post con un par de enlaces, no sin antes enplazaros para una segunda parte en la que colgaré más cortos siguiendo las sabias indicaciones del maestro Costa. Al que, por supuesto, le dedico este post y el posterior.
Gertie, the Dinosaur (1914). Windsor McCay.
Windsor McCay, además de maestro del cómic, también fue uno de los pioneros del cine de animación. En esta su tercera película crea su obra maestra animada, en una pieza híbrida, con un prólogo de carne y hueso, en donde pone el listón muy alto a los que vendrán después. 100.000 dibujos hechos a mano, en busca de unos movimientos armoniosos y naturalistas. Pura magia, acrecentada por la convinación con las imágenes reales, como si estuviéramos atisbando un universo paralelo. Sin duda, una película "clave".
Steamboat Willie (1928) Ub Iwerks y Walt Disney.
Lo que el Cantor de Jazz supuso para le cine sonoro convencional, este corto lo hizo para el de animación. Aunque no es la primera película sonorasde dibujos, sí es la que mejor supo explotar las posibilidades del nuevo recurso: una maravilla en sincronización de audio e imagen, donde el audio no es un mero adorno, sino una parte fundamental en los gags.